jueves, 19 de octubre de 2017

UN AÑO EN LA VIDA. OCTUBRE (X)

  • Después de zamparse al ñu, el cocodrilo derramó tiernas lágrimas por su crimen.

BARES Y POLÍTICA. NOTAS DE ULTRABAR
Hay que promover que los bares en España sean declarados bienes de interés cultural por la UNESCO. Habrá que decírselo a los emergentes para que hagan una proposición de ley (o no) en el Congreso. Porque ni gobiernos ni parlamentos, ni ONU ni UE, ni UEFA ni FIFA: el mundo solo encuentra soluciones a sus males en la barra de los bares con un vino o una caña de por medio.
Vamos a tomar el aperitivo y el dueño del bar, algo masoquista,  tiene puesto el canal 24 horas, todo noticias. Nos empapamos de noticias y con ellas los comentarios sobre la marcha de algunos sujetos parásitos y medio beodos que frecuentan estos establecimientos. Son una fuente de difusión de las buenas costumbres y de la buena política a todos los niveles. Con lo que oyes allí te convalidan, en alguna universidad privada, claro, asignaturas para cualquier carrera de humanidades porque saben de todo, como los tertulianos de televisión: nacional, internacional, deportes, inmigración, justicia, química, física y hasta matemáticas.
El camarero se mete en las conversaciones de los clientes, de los unos y de los otros, y la mujer le reprende: “que tú no opines que tenemos que comer, ¡coño!”
Para los problemas de la justicia tienen soluciones elementales y muy prácticas: ¿Cómo se soluciona lo del terrorismo?: cortándoles el cuello;  ¿cómo acabar con los violadores?: cortándoles el cuello; ¿a los asesinos de mujeres? … el cuello. Elemental: no creen en la reinserción.
Estos caballeros me recuerdan al sargento que en 1979, antes de recoger el petate para ir a la mili, nos leía el castigo establecido en las Ordenanzas por cualquier acto que contraviniese las reglas durante el servicio militar: pena de muerte, que para eso habían ganado la guerra y al enemigo sabían cómo exterminarlo. Estábamos en plena maravillosa transición española, pero la pena de muerte la quitaría el primer ministro de defensa socialista, Serra, que luego se hizo presidente de una Caixa con buen sueldo y colocó preferentes a los ancianos iletrados, como buen socialisto, aunque quitara la pena de muerte, que, ¡qué menos, hombre! Los contertulios ultramontanos del bar hasta son  partidarios de reinstaurar la Inquisición, pero en laico, que en temas de religión son bastantes laxos: “Aquello sí que era respeto…”
Siguen con la política económica y, por ejemplo, ¿cómo solucionarían la bajada de las pensiones - que es lo que más les molesta-, la subida del IPC, el copago sanitario?: pues quitando el sueldo a los ministros, diputados y demás, que con estos hay que tener más consideración porque son de los suyos y no se les aplicaría lo del cuello. ¿La subida de la luz?, electrocutando al presidente y accionistas de las eléctricas; ¿del agua?: ahogando a Ysabel II… Ah no, que esta señora solo ha puesto el nombre, pues ahogando a los accionistas y consejeros de las compañías de aguas.
En cuanto a la corrupción no tienen formada una opinión uniforme: si es de los suyos, pues qué listos son estos chicos, total, para cuatro euros en sobres; pero si es de la oposición, que se pudran en la cárcel y que devuelvan lo robado antes, claro.
En política nacional, las autonomías las eliminaban, ¿que cómo?: echando a los independentistas al mar o echándolos a todos de España pero antes se les quitaba los bancos y las industrias, para que comieran independencia.
En cuanto a las relaciones internacionales, su solución es fácil: obligar a emigrar, pero al revés, a musulmanes y subsaharianos (ellos lo dicen de otra manera pero yo debo cuidar las formas) que son fuente de conflictos y encima nos quitan el trabajo. Pero especial inquina tienen a los chinos, esos sí que son culpables: los jodíos saben con solo un vistazo cuándo está a punto de salir el premio gordo de la máquina tragaperras y se lo llevan siempre… Total, para blanquear dinero y evadir divisas (presuntamente), y nosotros que solo echamos las vueltas de la ronda, pues no nos dejan opción, argumentan.
Aunque parezca mentira los que así opinan son una minoría absoluta, pero como chillan mucho parece que son más frente a los que sí tenemos opinión aunque la manifestemos en círculos más cerrados y no a voces. Y es que esta gente tiene mucho tiempo libre, y como dice mi amigo refiriéndose a todos los que no saben en qué ocupar su tiempo: “hacen cualquier cosa menos coger un libro”.  En fin, me hago cruces al oír lo que oigo y me alegro de que los que nos gobiernan a veces sean gente más o menos sensata y no vaya a los bares, pues oyendo lo que allí se oye capaces serían de tomarlo como “vox populi” y aplicarlo a rajatabla.

CAMPO O CIUDAD

Me gusta el campo, las extensas llanuras con los restos del trigo ya cosechado y jalonadas por algún árbol solitario; el monte que desde lo alto vigila con su manto verde de encinas y pinos, y el riachuelo que la cruza o la bordea. 
Y no me gusta la ciudad y sus calles principales, esos inmensos ríos de asfalto por donde navega una humanidad que se ignora; ni sus parques de árboles renegridos, con su estanque, aprendiz de lago, y su hierba, césped verde a fuerza de agua y sol, que implora desde un cartel a los paseantes que no la pisen.
Me gusta el campo y los árboles solitarios que vigilan sus caminos, y me gustan aunque no pueda cobijarme bajo su sombra cuando el sol lanza sus puñales de fuego sobre la tierra.

  • Siempre he desconfiado de la expresión “abrazo de oso”, porque a veces es lo que literalmente expresa.

AMANECE

Amanece. Han caído cuatro gotas, las suficientes para ensuciar los coches recién lavados. He dormido bien, 6 horas, las suficientes para una persona de mi edad. Voy al trabajo, ficho y salgo a tomar café. Por el camino me encuentro con una chica a la que llevaba 40 años sin ver y que me provocó el primer desengaño amoroso. La llamo por su nombre y ella me responde con un cálido "Hola Antonio". La invito a un café y me dice que lleva prisa, que ha quedado a ‘y media’ en los Juzgados. Nos damos un beso, haciendo propósito de que no pasen otros 40 años antes de que nos volvamos a ver. Fuimos buenos amigos. 
Tomo café; sufro un acceso de nostalgia. Las nubes amenazan lluvia. El día inicia su curso natural. Los niños corren, senda arriba, porque llegan tarde al colegio…

  • Quienes carecen de principios pueden ganar alguna batalla pero jamás ganarán la guerra.

ALFONSO GUERRA

Hubo un momento en la historia en el que hacían gracia las ocurrencias de este hombre, Rasputín hispánico, azote de adversarios. Un día vi al Presidente del Congreso pedir una ovación para él porque, después de casi 38 años, con 74, se iba: otra foto más para los demagogos que alientan  la imagen de 'casta'. 
Yo no creo en los políticos que se consideran imprescindibles y creo que nadie puede estar tanto tiempo en la cosa pública, nadie, y menos Guerra, alguien que se debió ir cuando el asunto de su hermano, para dar ejemplo, pero no lo hizo y dejó el camino minado; de aquellos barros, estos lodos, por muy ídolo que haya sido de toda la militancia socialista, sobre todo en Andalucía.
A mí me gustó poco este hombre desde siempre porque considero que la política es algo muy serio en la que cabe la ironía pero no como norma, y él abusó hasta llegar a ser el guiñol de sí mismo. Ha sido tan ínfimo el nivel de los políticos de los últimos tiempos, en comparación con los que hicieron la transición, que cualquier tiempo pasado parece que fue mejor. Y en el PSOE es verdad que se echa en falta alguien que deje a un lado la imagen candorosa para dar “leña al mono” porque éstos de ahora sí se merecen que les llamen tahúres del Mississippi, como él llamó a Suárez.
Para deshacer mitos a los mitómanos, recomiendo la lectura de “Federico Sánchez se despide de ustedes”, en uno de cuyos capítulos, una persona inteligente como Jorge Semprún desenmascara al “Sobrevalorado del Guadalquivir”. ¡Vaya usté con dios!

  • Era tan tonto que sólo era gracioso…

VEINTIPOCOS

Tienes veintipocos años, ligas poco y decides dejarte crecer la escasa barba que te permite la naturaleza, fumar en pipa aunque te marea ese sabor y hablarle a las chicas de jazz -Sarah Vaughan, John Coltrane- y de los libros de Boris Vian. Y ellas, acostumbradas a otra cosa, te tomaban por un gilipollas extravagante...

  • Dice la prensa que cae drásticamente el número de alumnos de religión: chicos listos que prefieren ciencia ficción de la buena.

DESPERTAR

Cada día, cuando despierto, despierto en el más amplio sentido de la palabra, y ese acto no sólo consiste en abrir los ojos al mundo sino los cinco sentidos, para que entre el aire, la luz y la palabra, y así,  seguir aprendiendo...

  • Toda mi solidaridad para los hombres pobres; los pobres hombres son otra cosa, y dignos de lástima.

LA RED

He estado viendo el perfil académico-profesional de los miembros del Consejo Ciudadano de Podemos, y he descubierto, casualmente, la causa profunda del desastre del régimen del 78, como lo llaman ellos y del que, quieran o no, son hijos (aunque ahora putativos). En las Cortes del 77, en los partidos de la pre-casta de izquierda, había una considerable proporción de gentes sin preparación teórica que no habían pasado por las aulas universitarias: Dolores, Simón, Redondo, Camacho, López Raimundo, etc. No digamos nada en los órganos de dirección de esos partidos, donde eran multitud, aunque los listos, con estudios, les comían el coco y los llevaban a su terreno ¿Qué podía salir de tal mezcolanza con esas mentes no cultivadas aunque curtidas en la pelea de la fábrica, el taller, incluso del tajo o el agro...? Nada bueno. Así nos ha ido y los cibernautas de Podemos tomaron nota y han rectificado: ahora, ni un obrero.
En el espacio real conoces a tus camaradas (o compañeros) de carne y hueso porque cualquiera se sube al estrado y habla, aunque sea con faltas de ortografía, y la gente le conoce, conoce su periplo vital, y eliges, o, al menos, propones y te equivocas. Sin embargo, cuando todo se mueve en la nube virtual, por la red… Es ahí, por la red, donde encontramos el motivo de que no haya ningún obrero manual no licenciado-doctorado-masterizado, o simplemente un contable o vendedor de vinos sin estudios pero con labia, en el Consejo Ciudadano. La casta, insaciable, ha creado multitud de analfabetos informáticos que no conocen el doble significado de la palabra ratón y, claro, como los que se podían presentar en libre concurrencia en elecciones abiertas y podían votar lo hacían por el espacio cibernético, esos analfabetos han perdido la oportunidad al no saber ni cómo apuntarse al Círculo de artes gráficas, por ejemplo, si existe.  No se podían dar a conocer para poder ser elegidos. Además, tanto en la red como en directo, donde se ponga la retórica grandilocuente, el verbo fluido, ocurrente, de los nuevos líderes, capaces tanto de cantar “A desalambrar” de Víctor Jara, como un tanguillo de Carlos Cano, para amenizar un mitin o asamblea, que se quite el repertorio de los iletrados, que se quedaron en El Fary, o, como mucho, en Serrat, Sabina o Aute  que son parte de la casta y, a veces, hasta le cantan al amor, ese concepto tan burgués. ¡Viva la lucha de la clase obrera (ilustrada)!

  • No me gusta la gente que, estando invitada a la boda, pasa de la ceremonia y después se presenta en el banquete con exigencias…

SANGRO

Los quiero tanto…  
Si alguna vez les hiero  
soy yo el que sangro.


  • Es una pena que siempre le sobre tiempo a quién no sabe qué hacer con él.

lunes, 11 de septiembre de 2017

UN AÑO EN LA VIDA (IX) SEPTIEMBRE


  • Los jóvenes sólo quieren pensar en el presente; los mayores sólo pueden pensar en el presente.

DE MUSEOS

  1. EN EL THYSSEN

Nos invitaron a la premier de la exposición de Raoul Dufy en el museo Thyssen y decidimos acudir para conocer la obra de este pintor, desconocido para mí, y, además, para comprobar que no existe la complicidad entre las clases, eso que algunos llaman interclasismo. Ellos son ellos y nosotros, nosotros, como siempre, y, desde la altura de sus tacones –ellas- o desde la altivez de su mirada -ellos y ellas-, pude comprobar que somos clases irreconciliables por mucha transversalidad que algunos iluminados quieran decretar, y que la pelea tiene que llevar a que ellos bajen de su pedestal y se pongan a la altura de los humanos. Ahora, instalados en su nube, son otra cosa. ¿Suena a rancio el alegato? Pudiera ser, pero cuando los ves de cerca, tienes sensaciones raras.
Allí estaban todos, y todas: la baronesa y su vástago, acompañado de su amada y nunca bien ponderada esposa plebeya, madre de sus hijos; ellas, tísicas como sílfides hambrientas, él, traje azul oscuro, saludando a unos y a otros, viejos amigos paisanos del papá ausente para la eternidad, espléndido proveedor de recursos para las siguientes generaciones familiares, y aduladores de la mamá presente, esa señora de carnes estiradas, que hizo bueno el dicho popular: “es mejor saberse casar que saberse criar”, y todos ellos, pasando como de puntillas ante los cuadros que se exhibían en las pulcras paredes y sobre los que un experto daba explicaciones y datos para que los no entendidos entendiésemos qué quiso expresar el pintor con su obra. Bastante les importaban a ellos y ellas los cuadros y el pintor que se inició con el impresionismo y terminó  fauvista: cuatro escuchábamos mientras ellos y ellas departían, y, alguna vez, tan solo nosotros dos le seguíamos porque, para la alta sociedad presente, lo realmente importante era estrechar relaciones con la señora baronesa pues el futuro es muy traicionero y nunca sabes...
Y como lo de menos eran los cuadros, y una vez finalizado oficialmente el recorrido, pasamos al vestíbulo donde camareros pulcramente ataviados empezaron a pasar bandejas con bebida, cerveza o vino, tinto o blanco, refrescos. Todos miraban por encima del hombro del vecino para ver por dónde aparecerían las bandejas con las viandas, porque a esa hora de la tarde –las ocho- ya empezaba a protestar el estómago, incluso el de los bon vivant que suelen hacer caso a la máxima gastronómica de ‘muchas veces y poco’, para que el estómago no sufra como los estómagos proletarios que son más de ‘pocas veces y mucho’. Nosotros estábamos mal situados para el envite y las bandejas pasaban delante de nuestras narices ya vacías, en retirada, hasta que alguien se percató y aumentó el número de camareros que atacaron por todos los flancos, y nos llegó algo de lo que se suponía serían manjares exquisitos dignos de cualquier buffet de la high society. ¿Qué nos encontramos? En un recipiente de diseño, bien modelado, rugoso, de estaño o de otro material noble o irreconocible para un lego en la materia, habían puesto unos frutos secos, salpicados de algo como goma dulce. Como era lo primero comestible que caía en nuestras bocas, pues no le dimos mayor importancia y nos dijimos aquello de que después vendría lo bueno, pero después vino el plato fuerte: pinchitos de algo que quería ser tortilla de patatas, sobre un algo que parecía hojaldre y en la que no se divisaba por ningún lado la patata y aún menos el huevo, no digamos nada de la cebolla. Eso sí, la servilleta de papel que nos proporcionaban para limpiarnos los labios o los dedos era de diseño, seguro que exclusivo. Llegué a la conclusión de que era la deconstrucción de la tortilla de patata, que, deglutida en el Museo Thyssen del Paseo del Prado de Madrid, frente al Museo del Prado, debía adquirir una nueva dimensión. El problema es que en mi boca se hizo una bola que tragué sin apenas masticar porque donde se ponga una buena tortilla de patatas, con cebolla, o, en el no va más de la tortilla, como la que ponen el EL OASIS de Despeñaperros, con sus pimientos fritos, jamón y chorizo, además de las patatas y el huevo, que se quiten todos los inventos modernos por muy de alta alcurnia que sean. Hacen que uno, que va a ver arte, le quede un mal recuerdo del tal Dufy, al que no tenía el gusto de conocer, pero que ahora, tras la experiencia, voy a olvidar pronto.
Y me fui, y a punto estuve de ir al BRILLANTE de Atocha, el de toda la vida, a comerme un bocata de calamares a la romana con una cervecita bien tirada, con su espuma y todo. No lo hice porque era un día de diario y tenía que madrugar al día siguiente.
Hace poco acudí a la exposición ART MARIAGE, de unos amigos: Jorge, fotógrafo, y las poetas, Dori y Carmen, todos ellos gentes del común, de la calle, como nosotros pero con arte en las venas. Los autores nos explicaron su obra, y todos atendíamos con educación, porque ninguno de los que allí estábamos esperábamos favores futuros de nadie, solo su amistad. Después de degustar las fotos y los poemas, nos tomamos una cerveza, o un vino, o un refresco, y unas tapitas muy apañadas, y departimos amigablemente. Es obvio que las gentes del común no tenemos más intereses que la amistad, la fraternidad, y con muy poco somos felices. Y eso es mucho. Bastante más de lo que puede esperar cualquier estirado de los que acudieron al Thyssen.


  1. EN EL PRADO

Cruzar las puertas del Museo del Prado siempre me produce una sensación especial,  como si traspasara las puertas de un paraíso terrenal en el que nos encontraremos a viejos conocidos que pacientemente esperan en las paredes a que nuestras miradas reactiven sus vidas cuando se crucen con las suyas. Y más fuerte es la sensación si esa visita se realiza de noche, cuando el incesante hormigueo de turistas o de amantes del arte en general, termina. Esa sensación de sentirte solo, rodeado de todos los actores principales de la historia del arte que te miran, mientras fuera se hace la noche, es única y muy recomendable para quien no la haya vivido. Es como si un vendaval de aire fresco inundara los pulmones, o como si una explosión de belleza penetrara en tus sentidos como un manantial irrefrenable.
Íbamos a ver 10 obras de Picasso que el Kunstmuseum de Basilea prestaba al Prado para que las exhibiera mientras finalizaban sus obras. Era la primera vez que yo accedía por la entrada alta ‘de Goya’ que da acceso a la Galería Central, considerada como la columna vertebral de su colección permanente, y, en ese espléndido lugar, era  donde se exponían las 10 obras escogidas. Es imposible encontrar un mejor marco para encuadrar a Picasso que rodeado de las obras de los maestros italianos y flamencos, Tiziano, Rubens, o españoles como Velázquez o Goya….  Según avanza por la sala el visitante, es inevitable volver sobre los retratos de Carlos V y Felipe II de Tiziano, o sobre Las tres gracias de Rubens, o adentrarse en el Salón de los Retratos de Velázquez  para pensar, una vez más, que parece imposible que una mano humana pintase Las Meninas, el centro del universo pictórico. Y, como en un fogonazo, brillando sobre las tenues luces de la sala que lo acoge, se me aparece el Cristo crucificado de Velázquez, que nunca antes me había producido la sensación de plenitud que me produjo esa noche. Así, paso a paso, despacito, llegamos a la sala de retratos de Goya, que preside el majestuoso lienzo La familia de Carlos IV, donde finaliza la visita y volvemos sobre nuestros pasos.
En la exposición sobre Picasso están representadas las diferentes etapas del pintor entre 1906 y 1967, Y en el tríptico que acompaña la exposición se cuenta brevemente la historia de las obras LOS DOS HERMANOS y ARLEQUÍN SENTADO, depositadas en el Kunstmuseum de Basilea por Rudolf Staechelin en 1947 y que, veinte años después, su hijo Peter quiso poner a la venta, lo que provocó una oposición radical de la ciudadanía, que llevó a las autoridades a convocar un referéndum mediante el cual se aprobó su adquisición definitiva con la participación de instituciones públicas y aportaciones particulares. Este hecho, insólito y mucho más si lo contemplamos desde esta España de hoy, conmovió a Picasso que, agradecido, regaló a la ciudad un estudio de gran tamaño y tres pinturas que también forman parte de esta exposición: HOMBRE, MUJER Y NIÑO, VENUS Y AMOR y LA PAREJA. Estaba claro que el espíritu mercantilista, a edad tan provecta, ya no vivía con él y le importaban más gestos como el descrito que seguir incrementando su patrimonio, como sucedió con el GUERNICA, encargado por el Gobierno de la República para el Pabellón español de la Exposición Universal de Paris de 1937, y por el que cobró sus buenas pesetas. En aquella época, una cosa era la ideología y otra la economía, como casi siempre para casi todos, porque no creo que la República estuviese sobrada de fondos. Seguro que los españoles que sufrían le habrían agradecido un gesto altruista como el que tuvo después con los habitantes de Basilea.
Pero como no hay que mezclar el arte con la ideología, estamos de acuerdo en que Picasso era un genio y a los genios se les puede perdonar casi todo. Y si nos ponemos en el lugar del Picasso comunista, seguro que desde el lugar del universo que ocupe el polvo en el que ya estará convertido, mirará con los ojos de la nada bien abiertos para maldecir a mucha de la gente –ministros, banqueros, alcaldesas, constructores- que paseaba por la sala Villanueva del Prado para contemplar la obra de ‘ese comunista’, que vivió como ellos pero nunca fue uno de ellos porque no se dedicó a esquilmar al prójimo: su acumulación de capital se produjo gracias al genio del que la naturaleza le hizo poseedor.

  • (A) El problema de permanecer demasiado tiempo en el mismo "sitio" es que ves crecer los árboles, pero, al final, éstos te impiden ver el bosque.
  • (B) El problema de permanecer demasiado tiempo en el mismo "sitio" es que ves crecer el bosque, pero, al final, éste te impide apreciar los árboles. 

EL CASCAMORRAS

De mi época infantil en el pueblo, recuerdo con especial intensidad los lugares y personajes que me causaban miedo y que solían ser el argumento de los mayores para que no hicieras excursiones más allá de la frontera que marcaban las casas. Así, no había que mirar bajo los puentes, o ir a los pinares, o meterte en el túnel del manantial, porque en todos había diferentes modalidades de ‘tío del saco’; tampoco había que intentar trepar a las cuevas de los ‘Praos’ porque allí estaban ‘los moros’. Otros personajes que me causaban miedo, o pavor, eran los guardias civiles: cuando veía asomar por La Cruz sus anacrónicos tricornios, a pie o a caballo, corría a esconderme en la casa porque creía ver a los jinetes de la muerte, sin duda recuerdo de otros tiempos que pervivían en el código genético. Por último, el Cascamorras, que nos infundía miedo por su aspecto sucio, desaliñado, su zurrón de pedigüeño, en el que suponíamos, seguro, que metía a los niños… Nada más lejos de la realidad. El tiempo, que cura casi todo, hizo desaparecer el miedo a los ‘tíos del saco’ y nos hizo ver que el Cascamorras era, y es, un personaje inocente, entrañable, que iba por los pueblos para recaudar fondos con los que mejor sobrellevar su travesía de Baza a Guadix, esquivando a los que intentan impedirle su misión de llevar la Piedad de un lugar a otro, y cuya tradición consigue unir, más que dividir, a dos grandes ciudades como Baza y Guadix. El miedo a la guardia civil es otra cosa…

  • Democracia en España: Cuanto más minoritaria es una minoría, más fervor ponen en  su pureza ideológica sus adeptos y menos valor otorgan a las opciones mayoritarias. 

HARTO

“Harto ya de estar harto, ya me cansé…”, así que tengo que tomar una determinación y elegir entre hacerme eremita en los recónditos cerros de mi pueblo (badlands) y comer hierbas salvajes (no venenosas) y caza menor (la mayor está más dura), o dedicarme a divagar que algo queda (como tantos) sobre asuntos intrascendentes (para no hacer daño). Creo que optaré por lo último para retomar viejos proyectos, puesto que sigo con interés la actualidad el Próximo Oriente Asiático (POA para los entendidos y para mí cuando tomaba apuntes).
Mis amigos me tacharán de loco por investigar sobre la Antigüedad cuando yo me especialicé en Contemporánea, pero la respuesta es obvia: nosotros, los de ahora, ya somos caso perdido y no merecemos estudio alguno. Además, así me convertiré en eremita sin salir de casa, que es más cómodo y se come más variado.…

  • Aquellos que se autodenominan "animales políticos", suelen tener más de animales que de políticos.

REGRESO DE VACACIONES

Capítulo I. LOS FIORDOS

Cuando regresas de las vacaciones y vuelves a frecuentar los lugares habituales, te reencuentras con algunos personajes de siempre, y lo primero que se les ocurre ante tu presencia es el manido, “hombre, ¿ya has vuelto de las vacaciones?”, pregunta retórica, por no decir estúpida, porque, si sabías que estaba de vacaciones y ahora me ves aquí y estás hablando conmigo, es que, efectivamente, sí, he vuelto, no hablas con mi espíritu, ni con mi doble porque no tengo, tonto. La siguiente fase del interrogatorio es peor aún: “¿Dónde has estado?” En mi pueblo, contesto. “Joder, qué paleto, no sales de tu pueblo…” Y a ti qué coño te importa, pienso. Sí, qué te importa a ti que te pasas la vida mirando las ofertas para alquilarte dos días una casa rural postiza en algún lugar inhóspito, cuanto más inhóspito, mejor, todo porque no tienes pueblo al que ir. Pero sí, desde que lo descubriste, te gusta el olor a vaca o a cerdo que te llega de los corrales próximos, o saber que duermes en la cercana compañía de conejos o gallinas o de gallos cantores que te despiertan a las cinco de la mañana aunque te acuerdes de sus ancestros. A ti, hombre de ciudad, que una vez instalado en la casa rural, haces excursiones, para conocer la costumbres del lugar, a los corrales próximos para ver cómo la gallina pone huevos, o cómo los cerdos hozan en la porquería y se revuelcan en ella, o cómo se ordeña una vaca, o, ya para obtener el máster completo en ‘ruralismo’, ver cómo pare una oveja o cómo se hace chorizo o queso, el no va más. Porque tú, chico urbanita, hasta que se inventó el turismo rural pensabas que los huevos se fabricaban en alguna fábrica de algún polígono industrial, y que los pollos y las gallinas eran un tipo de carne que venía ya en cuartos porque así los ves en la carnicería, igual que las vacas, que serían productos que ya venían divididos de fábrica en chuletones, filetes, falda pa’l cocido, huesos, etc. Y del cerdo, no hablemos, que pensabas que era un insulto: ¡Cerdo! Pues tú, amigo, me llamas paleto porque me voy de vacaciones a mi pueblo. A mucha honra. Sé que el día que le argumente así deja de hablarme, por eso, de momento, sólo lo pienso.
Entramos en la tercera fase, y ahora soy yo el que pregunta: Y tú, ¿adónde has ido? “Buah, un pedazo de viaje: hemos hecho un crucero impresionante de siete días por los fiordos noruegos”. Y saca el móvil y empieza a atacarme con fotos, porque ahora el álbum familiar se lleva a mano, y a pasarlas con el dedo a la velocidad del rayo, de tal forma que parecen como una película con cientos de personajes, todos secundarios: tomando el tren en Madrid, bajando del tren en Barcelona, tomando un refrigerio en las Ramblas con una camiseta del Barça –p’ancima, del Barça- y un sándwich antes de dirigirse al puerto donde embarcarán. Sigue con las fotos, ahora en el puerto, con gorra, gafas de sol, bermudas de colores, camiseta blanca –un lapsus-, ambas del Alcampo, y de espaldas al barco de seis pisos donde pasarán los próximos días, otras en la pasarela de acceso, diciendo adiós a nadie que les despide desde tierra, más en proa o popa, que no sé qué es cada cosa, haciendo la escenita del Titánic. Luego, otras haciendo el signo de la victoria en el camarote con cama de 90 (centímetros) para dos, eso sí, con vistas al mar; un selfi de él, un selfi de ella; otra de grupo en la que falta él, otra en la que falta ella; más con el capitán del barco, o podía ser el camarero jefe, porque vestían igual. En fin… todo un mundo hecho reportaje gráfico de bolsillo. Después me enseña cinco –cinco- fotos de los fiordos (“sólo cinco porque son todos iguales”, me dice), todo blancos, montañas de hielo que contemplan desde lo que se supone tierra, a los que se asoman por los balcones del barco, o como se llamen. Más fotos en la cena, en el desayuno, en la comida, en salones ornamentados de forma un tanto estrambótica por no decir hortera (era un barco ruso y ya se sabe que los nuevos ricos tienen un hortera sentido de la estética). Para eso, yo me habría hecho las fotos del barco en el puerto, habría visto un documental de National Geographic y me habría ido a Salou a la playa. Pero cada uno es cada cual. “Bueno y tú qué, seguro que no has salido del pueblo.” Sí, sí he salido, le contesto, y pienso en detallarle mis salidas, pero no lo hago porque no vale la pena, y contarle: Sí, he salido…y he ido a las fiestas de Beas, y, como allí no me conocía nadie, hasta he hecho como que bailaba un pasodoble para regocijo de mi cónyuge; he ido también a Guadix, a Granada, al Cabo de Gata, he hecho el Trail de los Badlands, 18,5 kms andando, contemplando un paisaje único, he salido todos los días a andar por caminos de alamedas y melocotoneros, he ido con la fresquita a las huertas de mis amigos Josemari y Vítor a coger pimientos, tomates, calabacines, pepinos y a comer higos de una higuera que había en un balate, y he visto alguna exposición de fotografía y poesía, y el palacio que un pintor ha donado a la ciudad, y he visto un yacimiento arqueológico en el que están a punto de desenterrar un teatro romano, y otro, paleontológico, en Fonelas, en lo que será el futuro parque del Cuaternario. También he visitado en Granada la Huerta de San Vicente, la que fue casa de campo de Federico García Lorca, y he subido a la Alhambra (sí, ese monumento que una vez me preguntaste que por lo que tú habías visto en fotos era como un castillo medio derruido de los moros), y me he emborrachado con el rumor del agua en sus jardines. Y cada día me he tomado unas cervecitas con su rica tapa, y un día degusté un menú cuyo componente principal en cada plato era un producto típico de la zona, el melocotón, en un restaurante, La Cueva del Paladar (qué nombre tan sugerente, ¿eh?), en Benalúa, en un complejo de cuevas rurales; he subido a miradores desde los que se contemplan vistas maravillosas... Y, sobre todo, he conocido a gente, a mucha y muy buena gente que he añadido a mi lista de amigos y con los que me he sentido como si nos conociésemos de toda la vida en los muy buenos momentos que hemos compartido. Además, como colofón de cada día, cada noche he dormido en una cama de 1,20, de esas de matrimonio, asaos de calor los primeros días, pero luego fresquitos. Pero, eso sí, nada que ver con los fiordos noruegos y la ciudad-barco en la que has disfrutado como un enano durante siete días, bueno, cinco, porque dos se fueron entre la ida y la vuelta en tren… Pero no le digo nada.
Él prosigue el interrogatorio: “Habrás hecho fotos, ¿no?” Sí, les respondo, y le enseño algunas, seleccionadas, de parajes emblemáticos: alguna vista panorámica de Guadix o de Purullena, de una puesta de sol desde las cuevas de Benalúa, y algunas de los Badlands de Fonelas, y sólo se le ocurre decirme: “Joder, qué terreno más árido”. Sí, le contesto, es como los fiordos pero en arcilla, pero está más cerca. Y le enseño fotos de árboles solitarios, o de campos de melocotones, o de alamedas, y me dice que donde se ponga el bosque nórdico. Hombre, claro, de ahí la calidad de los muebles de IKEA, no te jode. Y finaliza: “Lo dicho, eres un paleto. A ver si viajas más y ves mundo”. Y le contesto que sí, que es un grave déficit cultural no conocer los fiordos noruegos o la tundra rusa y me despido con un “adiós, cosmopolita”. “Oye, oye, no me insultes”, me dice, mosqueado. No, hombre, no es un insulto, cosmopolita significa ‘hombre de mundo’, le respondo. “Menos cachondeo, ¿vale?” Vale.
Yo sólo quiero que no me llamen paleto porque vaya a descansar y a disfrutar a mi pueblo. O  que me lo llamen, como quieran, me da igual.

Capítulo II. GORDOS

Echas un vistazo a las fotos de las vacaciones y ves de forma descarnada las protuberancias abdominales que el maldito invierno, incluso la primavera, dejaron en ti, y, claro, las ves ahora que te quitas ropa porque antes estaban camufladas y no las veías ni cuando te duchabas porque a las horas que se levanta uno en la época ‘lectiva’ no se ve nada. Pero en el verano, las camisetas del verano anterior, o del anterior, o las del Getafe CF de los años gloriosos, que marcan panceta bien, te delatan, aunque yo me busco una excusa: es que me la compré estrecha, como Robben, pa'que el defensa no me agarre cuando le driblo. ¿Qué defensa, tonto, si tú juegas al fútbol desde el sillonball?, me dicen, y con razón. Pero me hago esa ilusión porque el caso es que 10 kilos han caído sobre mi cuerpo soberano y he decidido quitármelos. (Primer punto de la declaración de buenas intenciones de después de las vacaciones, que luego se suele posponer hasta principio de año). Yo, primero, había pensado en una liposucción, pero vi un video en internet de cómo las hacen y me aco... me asusté. Me han dicho esos expertos que hablan siempre sentando cátedra, y que existen por doquier -algunos que rondan los 100kg para sus escasos 166 cms- que lo mejor es hacer dieta: nada de alcohol, nada de grasas y ejercicio, mucho ejercicio. Bien, si hago tanto ejercicio y no me alimento con proteínas animales, que son las que me gustan, si la cerveza sin alcohol me produce arcadas y el bitter kas flatulencias, si, además, no fumo y el cirujano me... En fin, que no sé sí declararme gordo oficialmente, -eso sí, gordo constitucional, es decir, como si viniera de familia, que parece menos pecado-, y echarme en el arao, que pa' cuatro días que vivimos siempre tiene que andar la analítica dando por saco. Y es que ahora somos unos mimaos, unos quejicas que a cualquier dolorcillo inesperado, tos rara o temblorcillo, vamos al médico, y, cuando vas, ya sabes, analítica completa de pis, sangre, semen, heces, que así no me extraña que la seguridad social esté en bancarrota. Yo creo, no obstante, que mucha culpa de todo este mundo ‘analítico’ la tienen los fabricantes de los frascos, que vieron una oportunidad de negocio redonda e inventaron frascos para todo: uno para pis de una toma, otro, para el de la semana, otro para heces, otro para semen. Y seguro que el negocio se lo han montado con los médicos. Primero inventaron la enfermedad y después la medicina, es decir, primero los frascos  y luego las analíticas, porque si no, ¿en qué recipiente llevaban nuestros abuelos las muestras? ¿En una botella de gaseosa antigua?, porque agua mineral de medio tampoco existía entonces... Es probable que, como no existía seguridad social y todo era de pago, no se hicieran analíticas, no se enteraban de lo que se les venía encima, se morían sin saber nada, y la esperanza de vida era la que era, pero la seguridad social que no existía gozaba de una salud espléndida.
A lo que iba, que me pierdo. Alguien con vista inventó los frasquitos de muestras, contactó con la OMS (Organización Mundial de la Salud) y dijeron, analíticas pa tó' cristo. Fueron unos listos emprendedores en su momento y nosotros, tontos, claudicamos sin rechistar ante el tremendo poder de las analíticas. Y desde que se inventaron pues han aflorado una inmensa cantidad de sustancias que parece ser circulan por nuestro organismo sin control y sin nuestro consentimiento: triglicéridos, hematíes, hemoglobina, hematocritos, transaminasas, linfocitos, leucocitos, plaquetas, et al, cuyos niveles inadecuados dan lugar a tener alto el colesterol, el azúcar, la tensión, etc. y que como salen en la susodicha, pues asustan a los sufridos analizados, tanto que, cuando empiezan a ser conscientes de su gordura, se ponen a régimen, tienen que ir al gimnasio, consultar con un dietista, o, si no hacen nada, se comen la cabeza hasta el punto de terminar en el diván de un psicólogo o un psiquiatra, que es peor, dicen. Todo, como se ve, oportunidades de negocio para avispados en esta maldita sociedad capitalista que nos engulle.
Pero me desvío del tema. Mientras decido si me declaro gordo o no, creo que me voy a apuntar al gimnasio de mi barrio con un monitor que muestre a mis grasas abdominales el camino de salida, aunque, bien pensado, cuando me veo en otras fotos vestido con camisa bien planchada, pantalones con raya, incluso con sombrero -que me hace más alto-, no aparento los muchos kilos que soporto. De todas formas estoy un poco harto de que todo el mundo se meta con los del sobrepeso y no con los escuálidos: "está muy delgado, pero sano, mucho mejor que estar gordo", se les oye decir. Venga hombre, donde se ponga la hermosura… Yo, últimamente, cuando alguien con poca vista me suelta a la cara, con tremendo desparpajo, eso de "estás muy gordo", le contesto: "sí, como una tapia", y le dejo sin argumentos para seguir dando el coñazo. Ya contaré cuando decida qué hacer.

Capítulo III. EL CARIBE

Es un buen tipo. En el colegio todo el mundo se llevaba bien con él, con todos compartía juegos y en todos los grupos tenía cabida. Crecimos y en la discoteca era el que más ligaba aunque era parco en palabras: para intentar bailar, se ponía delante del corro de chicas y hacía un gesto con el dedo índice hacia abajo, haciendo un circulo que significaba, ¿alguna de las que estáis en el corro queréis bailar? Siempre había alguna que entendía la petición y accedía. Nosotros no, éramos más exquisitos y buscábamos siempre a la que nos gustara, no a cualquiera, porque no se trataba de pasar diez o quince minutos soportando la atención de una nena que te resultara desagradable. Él era también muy inocentón y así siguió siempre. Separado de su primera mujer por la ligereza de cascos de la señora, se casó en segundas nupcias con una chica caribeña, mucho más joven que él, que estaba... guapa y además ya tenía tres hijos, por lo que se llevó un pack familiar completo. Celebró un ágape en un rancho reconvertido al negocio hostelero en la provincia de Toledo, tan fuera de los circuitos tradicionales, que el autobús que nos llevaba, contratado por los novios, no encontró el lugar y nos perdimos casi la boda entera. El viaje de novios lo hicieron al Caribe, aún siendo caribeña ella, que le convenció diciéndole que así le presentaba a su abuela, que era el único familiar vivo que le quedaba allende los mares, y llevaría, de paso, a los tres niños para que conociese a su querida abuelita que todavía –mira- no los conoce por no haber tenido medios. Los mares... 
Después de la boda, de pedirnos disculpas y de intentar que despidieran al conductor del autobús por no encontrar el rancho de la celebración, los novios emprendieron el viaje. Primera parada, el país de la novia, para dejar a los niños en casa de la abuela, y ellos, en vez de quedarse en esa parte del Caribe, tan de aguas verdes, cristalinas, con palmeras y cocoteros, como todas las playas del Caribe, pues siguieron viaje a un complejo turístico de Cuba, con su reserva para dos, dispuestos a conocer la isla. Pero no. Siete días, con sus siete noches estuvieron en el complejo turístico, en un periplo consistente en cama, comedor, piscina, comedor, barra-bar, cama, comedor, barra-bar, cama..., círculo infernal que acabó el día en que se levantó él de la cama y vio una nota de ella que le decía que se había ido a dar una vuelta por La Habana. Ya. Cuando pasó un tiempo prudencial denuncio la desaparición a la policía y, después de muy pocas averiguaciones, ésta le comunicó que la señora había salido rumbo a su país el día anterior.
Cuando mi amigo comunicó telefónicamente con ella, le dijo, para justificar su desleal acción, que no le quería, que sólo quería regresar a su país y no tenía dinero, de ahí que le hubiese utilizado de forma tan vil, que le apreciaba y que se lo había pasado bien con él el tiempo que estuvieron juntos. Nos ha fastidiado. Al menos reconocía que se había comportado como una truhana. También le confesó que lo de la abuela, su orfandad y todo lo demás era purita mentira.
Moraleja...
Eso sí, mi amigo, como muchas parejas que celebran su luna de miel en El Caribe, del Caribe conocen el hotel, la piscina y alguna playa con palmeras, para hacerse la foto, y es que no deben saber que hoteles, con buenas piscinas y buenas camas, hay en todos los sitios. Y palmeras, en cualquier calle de cualquier ciudad o país no tan lejano. Me enseñó fotos de la vegetación tropical del hotel, orgulloso de haber visto algo único, irrepetible. Le dije que la próxima vez se fuese a Almuñécar o a Salobreña, en la costa granadina, que tenía la misma vegetación y, además, podía llegar en tren. Y los hoteles eran más baratos.  
- Joer, tú con tal de abochornarme... ¿Por qué no me lo dijiste antes?
-Te lo dije, pero ya sabes lo de las tetas y las carretas...
- Tampoco te pases, ¿eh? Un respeto.
Y yo respeto a todos, pero me tengo que reír de quién busca algo mediocre fuera teniendo un rico manjar en casa.

  • Cuando poca gente es consciente de sus limitaciones y nunca ve llegar su nivel de incompetencia, algo en la sociedad va mal.

















lunes, 1 de mayo de 2017

UN AÑO EN LA VIDA VIII. AGOSTO


·           * A fuer de ser desagradecidos, a veces pensamos que la vida se la debemos a los hijos.

REPIQUE DE CAMPANAS

Estoy en la casa del pueblo, solo, leyendo un rato y levantando la vista de vez en cuando para contemplar la majestuosidad de la sierra, en la que todavía sobreviven manchas blancas de nieve. Suenan las campanas de la iglesia, levanto los ojos del libro y me pregunto instintivamente: ¿qué toque será? Me da igual qué toque sea, pero he vuelto a los días en que al sonar  los toques de la llamada, mi madre salía a medio arreglar y nos preguntaba nerviosa qué toque era: no quería llegar tarde para coger un sitio dónde poder escuchar bien al cura y porque no podía estar mucho tiempo de pie.
He sentido un pellizco en el estómago porque el tiempo pasa pero hay cosas que no se lleva. 

Pd. Ahora suena el tercer toque: otro día que llegaré tarde.

  • Sería de necios, o de hipócritas, preferir el escozor de las palabras no dichas que la herida que produciría el pronunciarlas.

CARTA A CHARLIZE THERON PA’QUE NO SE CASE CON SEAN PENN

Querida y admirada Charlize: Ha llegado a mis oídos que tienes intención de casarte con Sean Penn, ese tipo viejo y feo que en los filmes que yo he visto siempre hace de malo o de loco, de presidiario o de policía, nunca de galán que se dedica a los negocios finos, o sea, a robar finamente. Tú no te lo mereces, te mereces mucho más, y por eso te escribo para proponerte relaciones, así, directamente, sin rodeos; además, con el consentimiento de mi esposa que, desde que estuve malico, me consiente casi . Pero, a lo que iba: yo soy más joven que ese tipo mal alimentao y peor hablao y necesito poco pa' ser feliz, no como los americanos que a las primeras de cambio ya os estáis divorciando del decimoséptimo marido. Yo sé aguantar e incluso te permitiría alguna cana al aire que otra, porque hago caso al chiste que entenderás cuando estés por aquí y conozcas con soltura los dobles sentidos del lenguaje. Es aquel que le pregunta uno a otro: "Oye, ¿tú qué prefieres tener cuernos o colesterol?" Y le contesta el otro: "Yo, cuernos, así como de ". Pues  yo, contigo, igual. No me digas que no es una ventaja, tal y como están los tiempos y lo caros que os salen los divorcios a los americanos. 
Yo procedo de una zona como no tenéis ninguna en América porque allí lo hicieron todo más tarde. Cuando os descubrieron, aquí, en mi comarca -bueno, en Guadix- teníamos ya catedrales renacentistas-barrocas, alcazabas árabes, teatros romanos, palacios  y palacetes, ricamente ornamentados, aunque el pueblo llano viviera en la miseria en las distintas épocas, en cuevas trogloditas o en casas de adobe que no resistieron el paso de los tiempos.
Como tú aportarías más dinero  a la sociedad conyugal, te propongo que nos compremos  un cerro, nos hacemos una cueva con vistas y lo transformamos en un vergel, como ha hecho mi amigo Pedro con su Oasis; porque tengo  buenos amigos aquí, empezando por Inma que hace unos churros que quitan el hipo; más tarde nos tomaríamos el aperitivo con su tapa; luego nos hacemos una comida ligera y una siestecita en el fresquito de la cueva. (Un inciso: si te diera aprensión la cueva, nos compraríamos un palacete de los muchos que hay por Guadix para restaurar, y también estaríamos fresquitos, tú por eso no te preocupes). A mi amigo  Pepe le encargaría que nos preparara rutas para conocer bien la comarca. Y después,  una merienda-cena en cualquier terracita. El único problema que veo es que con tanto churro, vino, tapa, siesta, etc., tu linda figura iba a coger unas curvas que quizás a ti no te gusten pero que aquí nos encantan, con lo que descenderías del Olimpo de las diosas para convertirte en mujer terrenal, que son como las diosas pero están más a mano. Incluso tengo un amigo escultor que se llama Paco, que te modelaría en barro para que tu belleza quedase para siempre jamás. 
No me digas que todo lo que yo te ofrezco te lo ofrece ese sieso que, será buen actor, pero gracia no tiene ninguna.
No seas tonta, piénsatelo y vente pa'cá, que te esperamos con los brazos abiertos y descubrirás una nueva vida, que, además, ya va siendo hora de que asientes la cabeza, mujer…
Atentamente.

  • Sería de necios, o de hipócritas, que la oveja negra tiñese su lana de blanco.

FEDERICO FUERON TODOS

Es un mes de agosto de cualquier año y hacemos un viaje, muchas veces aplazado, a Granada para visitar  los lugares que tienen la huella de Federico García Lorca. Fueron muchas las visitas que realicé a mi ciudad, muchas las horas que anduve por sus calles y sus plazas; más horas todavía las que dediqué a la Alhambra y el Generalife, a la Catedral, el Corral del Carbón, Plaza Nueva, a los mil y un monumentos que la jalonan, pero nunca visité Fuentevaqueros, nunca fui a la Huerta de San Vicente, nunca subí al barranco de Víznar… Siempre tenía una excusa o quizás una íntima pena que me impedía ir a los lugares de Federico.
Llegamos a Granada y allí debíamos  tomar la antigua carretera de Málaga o la más moderna, pero ya vieja, Autovía del 92 que las malas cabezas hicieron, parece, con materiales de desecho de tantas reformas sobre reformas que lleva. A pocos kilómetros de Granada hay un desvío que nos lleva al pueblo, pero la mala señalización o la poca habilidad del conductor, hicieron que nos equivocásemos y en vez de ir a Fuentevaqueros entráramos en un camino rural que llevaba al cementerio. En las puertas del camposanto se acababa la carretera, así que dimos media vuelta y volvimos a la carretera para tomar la entrada correcta. Llegamos al pueblo y aparcamos el coche en una amplia avenida en la que cada motivo decorativo recordaba a Federico y, como presumíamos una mañana intensa de visitas, nos dispusimos a buscar de inmediato la casa natal de Lorca. Preguntamos y nos indicaron el lugar: estábamos a unos pasos del primer objetivo. Llegamos y vimos el horario de visitas. Faltaban unos minutos para que abrieran las puertas y esperamos con emoción mirando cada palmo de la fachada, la puerta, las ventanas, haciendo fotos. Pero la emoción fue mayúscula cuando cruzamos el umbral de la puerta y recorrimos las estancias de la casa: el salón, la cocina, los dormitorios, el patio, el viejo granero reconvertido en pequeño museo con objetos de toda índole que recuerdan al poeta. La emoción aumentaba a cada paso cuando vimos la cuna que ocupó de niño, los sillones o las sillas en las que se sentó, cuando vimos los cuadros que él miró, las fotos familiares que adornaban las paredes. En fin… tantas cosas que en ocasiones hasta temblaban las piernas.
Tras la visita a la casa dimos un paseo por el pueblo y volvimos a Granada. La siguiente etapa iba a ser la Huerta de San Vicente, la que fuera su casa de recreo en las afueras de la ciudad y que hoy ha quedado integrada en el casco urbano, aunque rodeada de un espacioso parque. Llegamos a la casa y ya no admitían más visitantes ese día, estaba el cupo cubierto y hasta el día siguiente no se podía visitar.  En una próxima visita…
Y como no se podía entrar, nos internamos en la ciudad para ir al centro histórico, la Catedral. Sacamos las entradas para la Capilla Real, donde yacen los cuerpos de los Reyes Católicos y de sus hijos en sus majestuosas tumbas; los reyes y sus descendientes que desde la conquista de Granada pusieron las bases de la España que siglos después asesinaría vilmente a Federico. Como en la mente ya estaba la idea de ir al barranco de Víznar, donde se supone están los restos del poeta, no pude dejar de pensar en el lugar de la Capilla donde estaban los reyes en contraposición al limbo en el que estarán los restos de Federico. Esa es la España -una, grande y libre- que forjaron Isabel, Fernando y demás descendencia hasta llegar a esta de hoy, dividida en dos bandos (¿O son tres?) que se soportan pero que se siguen mirando de reojo.
Llegamos a Alfacar y creemos que el parque, a orillas de la carretera, que se llama “Federico García Lorca”, es el sitio que buscamos, pero no, es un parque creado artificialmente por la mano del hombre para recordarle. Seguimos buscando carretera adelante y llegamos al pueblo de Vínar sin encontrar el lugar. A la entrada del pueblo preguntamos y alguien desde el borde de la carretera nos dice:
- ¿Veis aquella piedra blanca en la carretera? –la piedra se ve nítidamente desde la entrada del pueblo.
- Sí, hemos pasado por allí.
- Pues desde allí sale un camino que lleva hasta donde se supone que está enterrado. Ahora han hecho un camino rural hasta la supuesta tumba.
Desandamos el camino andado y llegamos a la piedra blanca que señala: “Barranco de Víznar”. Seguimos el camino y vemos algo que al acercarnos leemos con claridad: “FEDERICO FUERON TODOS”. ¡Cuánta generosidad! Todos, absolutamente todos fueron –fuimos- víctimas de la guerra, aunque sólo una parte haya tenido el reconocimiento a su muerte injusta, y ya es hora de que se honre a todos los muertos. Y eso no será reabrir heridas sino cerrarlas para siempre. Al pasar con el coche por la carretera no podíamos imaginar que fuese en ese lugar donde estaba lo que buscábamos por lo recóndito del paraje, pero los asesinos saben que la ignominia de sus actos no debe quedar a la vista de todos, por eso las fosas comunes de la guerra se esconden en los lugares más insospechados, para que su vista no arañara a cada paso la ¿conciencia? de los asesinos. Recorrimos el paraje durante un largo rato, bajamos al túmulo bajo el que se suponen reposan los restos de Federico, el torero y el maestro de escuela –sus compañeros de cautiverio- y en silencio mirábamos cada palmo de terreno como si esperásemos que una voz desde el más allá respondiera a todos los porqués que nacían de nuestra indignación al pensar cómo puede un ser humano llegar a tal grado de maldad. Mataron al poeta y con su acto alargaron su vida tan lejos en el tiempo como durará nuestro desprecio por ellos.
Mi hermana tiene una amiga que, cercano el día en que debía trasladarse a vivir a Granada para trabajar en su universidad, le dijo una frase que desde ese día llevé conmigo a cada instante: “No sé cómo podré vivir en una ciudad que entierra su río y mata a su poeta”. Afortunadamente, los tiempos han cambiado y ahora, creo que no hay quien la prive del privilegio de vivir en Granada.
Algún tiempo después, pisé nuevamente las calles de mi querida Granada, la ciudad de mis sueños, a la que siempre quiero volver. Y he completado, por fin, la ruta de Lorca, visitando La Huerta de San Vicente, Y he sentido el mismo pellizco en el estómago que cuando visité su casa de Fuentevaqueros al pasear por las estancias que sintieron sus pasos, y contemplar el que fuera su espacio y los objetos de su vida cotidiana.
Después de comer y tomar café en Plaza Nueva, cumplimos con el rito de subir a la Alhambra para rearmarnos, una vez más, con las armas de su extrema  belleza. Y embriagar los sentidos con el rumor del agua y el trino de los pájaros; con la sencilla majestuosidad de los palacios y con el paisaje de cerros y casas blancas que circunda la Colina Sabika. 

  • Que quienes tienen la responsabilidad de defender unos principios los traicionen, no invalida los principios sino al traidor.

EL CURA DE FONELAS
Visitando una excavación sobre el ayer supe de la existencia de un hombre cuyo ejemplo tendría que ser el prototipo para el hombre de siempre. Pepe, mi acompañante, me dijo que era el cura de Fonelas y que, cuando el Trío de las Azores declaró la guerra a Irak, abandonó su labor pastoral y se fue de escudo humano para intentar -¡pobre!- parar la guerra. Con razón los buenos maestros que tuve me dijeron que tratase a los hombres sin pedirles antes su filiación. 
El cura de Fonelas vivirá para siempre en el libro imaginario de mis héroes. Desde aquí, mi homenaje.

  • Es coherencia la ardua labor de mantener la armonía entre lo que haces y lo que dices.

DE MARCHA

En un arranque impetuoso de espíritu deportivo me he apuntado, junto con mi cónyuge, para participar en una marcha campestre en Fonelas.
Ahora escribo desde la placidez del sofá, tendido todo lo largo que soy -1,73-, después de practicar para caminar los 18500 metros de la prueba, que deben de ser duros. Sólo me preocupa perderme por el campo o que llegue con el control cerrado, porque los demás participantes serán de la comarca y estarán habituados al terreno, pero yo es la primera vez que voy y me entreno, en mi barrio, sobre pista lenta,  de ahí mi temor a  no adaptarme a terrenos ariscos. Además, nos han dicho que en el avituallamiento nos van a dar agua y plátanos y yo me avituallo por lo general en el bar Alegría de mi amigo Lozano, con una cervecita fresca y una tapa de torreznos, que no es lo mismo.
También espero que no haya muchas cuestas porque al subir  me suele  dar flato, con lo que tendría que aminorar la marcha y perder comba, aunque para mí lo importante no es ganar sino participar. Yo el espíritu olímpico lo tengo totalmente asumido y lo práctico, no como otros que echan el resto -o el resuello- por ganar.
Una hora después que nosotros saldrán los corredores, sí, los de la carrera-carrera, esos que parecen gamos cuando los ves en directo. Ya me los imagino pasándonos  como una exhalación y eso que salimos mucho antes, pero no nos podemos comparar a  esos tipos estilizados que, seguro, no utilizan ni el avituallamiento, con lo que tocaremos a más. Los atletas parece que se alimentaran de aire, no como nosotros los andarines, con nuestra tripa y nuestras carnes fofas, que hasta el aire nos engorda. Ya los veo por los badlands de Fonelas, con sus piernas de palillo y dos palillos por brazos, la cara escurrida de la que sobresalen dos ojos que parecen querer salirse de las órbitas, trotando como ciervos sobre esos andurriales. Una cosa es hacer deporte y otra quedarse tísico, sin un gramo de grasa, que algunos parecen la radiografía de un silbido, por no decir la de un esqueleto.
Nosotros los andarines iremos también a buen ritmo, pero nada uniforme, departiendo, contando chascarrillos, los que se conozcan, metiéndose con los descolgados, que si tanta cerveza, las tapas, las copas... 
Yo, para la marcha, llevaré una vara que me hice para cuando salgo a entrenar por los campos de mi pueblo, más que nada por si me sale un bicho de pocos kilos porque si es de muchos no le hago frente, directamente me rindo y que haga conmigo lo que quiera. Pero por lo menos me hago la ilusión de que voy armado, que tampoco es cuestión de ir a hacer footing o a andar deprisa armado hasta los dientes  con una escopeta de cañones recortados o con un sable. No es eso, hombre. A mí, lo más que me ha salido por el campo hasta ahora ha sido un perro mediano, pero no he tenido necesidad de utilizar mi arma, sólo hago lo que me enseñaron los entendidos: la estatua; se me acerca, me olisquea y se va. Eso por ahora, ya veremos más adelante como me salga un jabalí, un perro grande o una cabra montesa envalentonada que me veo encaramado a un olivo, si me da tiempo.
Bueno, seguiré entrenando para no hacer mucho el ridículo el domingo por los badlands de Fonelas. Y si vuelvo entero, lo cuento.

TRAIL DE LOS BADLANDS

Pues lo cuento: Lo finalicé, y con un magnífico resultado para mí, medalla de plata, o sea, penúltimo, pero con el control abierto y porque en la última bajada algunos desaprensivos, entre ellos algunos amigos, incluso mi esposa, echaron a correr, algo prohibido porque nosotros éramos andarines. Pero bueno, el espíritu deportivo, a veces, brilla por su ausencia. Eso sí, como entré solo, todos los aplausos de la concurrencia fueron para mí.
Ya empezamos mal: para los torpes daban la salida a las 8.15, para los aventajados a las 9.30. Como en los juegos de niños: "te doy hora y cuarto de ventaja, a ver sí me ganas, manta". Significaba que nos teníamos que levantar con las del alba y estar media hora antes para que nos leyeran las instrucciones, recoger los dorsales, en fin... Y en domingo.
Éramos un grupo variopinto, mezcla de edades, entre los 18 y los... bastantes, porque los había tan mayores que a su lado yo era joven.  Dieron la salida y todo eran risas y alegría mientras salíamos del pueblo, y yo ya empezaba a ver cómo se me alejaban; cuando llegamos a las alamedas sólo veía algunas unidades sueltas delante de mí, y es que parecía como si quisieran ganar, joer, con lo bien que se va en compañía. Me iba quedando solo, por lo que hice bien en echar mi vara por si a los animalejos les daba por atacar... 
En el avituallamiento, a la sombra de un frondoso árbol, vi a una chica de la organización, guapa, hermosa, tanto que estuve a punto de desmayarme para que me reanimara, pero, como venía mi mujer cerca, y sólo llevábamos 3 kilómetros, me contuve y seguí impertérrito la marcha, aunque durante un trecho mi cabeza se giraba sola para atrás, como si tuviese un resorte, para ver como la moza se perdía en la lejanía del camino andado.
Pronto empezó la primera dificultad, una subida equivalente al Alpe d'Huez de los ciclistas; nada, a subir y a empezar a echarnos agua por la cabeza, que ya nos habíamos avituallado con agua y plátanos y a empezar a disfrutar del maravilloso espectáculos que nos brindaba la madre naturaleza, los badlands. Los ojos se me iban para un lado y para otro, me paraba, hacía fotos. En la subida había perdido a mi mujer que con sus pequeñas zancadas le costaba más y decidí esperarla.  Ya en compañía seguimos con las foticos, para que quedara constancia de que habíamos pasado por aquellos barrancos, que la gente es muy incrédula. En esto que escuchamos un ruido por detrás, nos volvemos y era el primero de los corredores, que ya nos pasaba. Durante la bajada lo hicieron el resto, que iban como gamos, como sí llevaran prisa. Nosotros, nada, a lo nuestro. nos echábamos a un lado y, como en la Fórmula 1 o como cuando alguien te echa las largas, les facilitábamos el adelantamiento. Además, iban de sobraos, pasaban y nos daban ánimos: venga, chavales, que ya queda menos. Nos ha fastidiao...
Al bajar pasó el coche escoba y nos preguntó cómo iba todo. A mí sólo se me ocurrió preguntarle, casi sin resuello, si quedaba alguien por detrás. "Sí, tres o cuatro", respondieron. Eso fue una tremenda inyección de adrenalina y aceleré la marcha, marcha que tuve que aminorar de nuevo cuando comenzamos la siguiente ascensión y vi que había vuelto a perder a la madre de mis hijos. A esperar y a subir juntos, para que luego la desaprensiva echara a correr cuando vio el cartel de los 18 kilómetros y me dejara sólo los últimos 500 metros y con el mal sabor de boca de pensar que era el último. 
En fin, que ha merecido la pena, nos han atendido de maravilla, hemos saludado a amigos, hemos hecho otros nuevos y me he llevado una pequeña decepción, me explico: le digo a alguien, ya con la cerveza y el bocata de lomo en la mano que el ejercicio realizado me habrá hecho perder al menos dos o tres kilos de peso, y me dice que no, que pierdes peso si corres. Y me pregunto, tanto esfuerzo, ¿para qué? La respuesta es que la vista y el resto de sentidos sí que han ganado.
(En la meta, y mientras me hacía con el bocata y la cerveza, volví a ver a la chica de la organización; me despisté del grupo, me acerqué a ella y le dije hola. Ella, después de mirarme de arriba abajo, y de ver ante sí a semejante eccehomo, sudoroso y polvoriento, me respondió: "Enhorabuena por terminar la carrera, es usted un valiente". Le di las gracias y volví con mi grupo. La carrera había terminado.)
¡Viva Fonelas!

PASEO MAÑANERO

Voy por el campo en la mañana y me encuentro a dos gitanos con un caballo y en animada conversación.
-        Venga usté  pa’cá que va a ser nuestro tratante, - me dicen cuando llego a su altura.
-        ¿Yo? No tengo ni idea de caballos, - les respondo.
-        Tó er mundo sabe de caballos, payo.
Pues así sea. A ver si había entendido el quid de la cuestión: uno quería vender un  caballo por 100 euros y el otro decía que valía por lo menos 500 euros. Es lo que tendría que decir la pura lógica.
-        ¿Usté qué dice?, - me pregunta uno con un frondoso bigote.
Y yo, sin tener ni idea digo lo primero que se me ocurre:
-        Pues que entre 100 y 500 hay mucha diferencia - contesto y prosigo: 100 euros me parece poco; yo creo que 300 es una cantidad justa.
-        El payo dice que 300, así que 300, sentencia el vendedor y se dan la mano sellando el trato.
-        Yo soy el que vende y le pedía 100 euros, dice el del bigote, - dirigiéndose a mí, que los miraba estupefacto.
-        ¿Tú vendías por 100 euros…? ¿De quién es el caballo?, pregunto extrañado.
-        Estaba en el campo suerto, no es de naide, - respondió riéndose.
-        Adiós, amigos, - y seguí mi camino riéndome.
Me quedé con la duda de si habían provocado la situación para reírse de mí o hablaban en serio.

EL JOVEN ESCRITOR
Cuando aquel aspirante a escritor era joven le preguntaron: “¿Qué prefieres ser una buena persona o un buen escritor?” Contestó: “Un buen escritor, y explicó su respuesta: La buena escritura sale de los malos instintos... Un tipo bueno solo escribe lo que a nadie interesa….”
... Con el tiempo fue un novelista de éxito 


·        Nacen, crecen, vegetan y mueren, y en el lecho de muerte piensan que si hubiesen sido alguna vez sensatos se habrían suicidado.