lunes, 1 de mayo de 2017

UN AÑO EN LA VIDA VIII. AGOSTO


·           * A fuer de ser desagradecidos, a veces pensamos que la vida se la debemos a los hijos.

REPIQUE DE CAMPANAS

Estoy en la casa del pueblo, solo, leyendo un rato y levantando la vista de vez en cuando para contemplar la majestuosidad de la sierra, en la que todavía sobreviven manchas blancas de nieve. Suenan las campanas de la iglesia, levanto los ojos del libro y me pregunto instintivamente: ¿qué toque será? Me da igual qué toque sea, pero he vuelto a los días en que al sonar  los toques de la llamada, mi madre salía a medio arreglar y nos preguntaba nerviosa qué toque era: no quería llegar tarde para coger un sitio dónde poder escuchar bien al cura y porque no podía estar mucho tiempo de pie.
He sentido un pellizco en el estómago porque el tiempo pasa pero hay cosas que no se lleva. 

Pd. Ahora suena el tercer toque: otro día que llegaré tarde.

  • Sería de necios, o de hipócritas, preferir el escozor de las palabras no dichas que la herida que produciría el pronunciarlas.

CARTA A CHARLIZE THERON PA’QUE NO SE CASE CON SEAN PENN

Querida y admirada Charlize: Ha llegado a mis oídos que tienes intención de casarte con Sean Penn, ese tipo viejo y feo que en los filmes que yo he visto siempre hace de malo o de loco, de presidiario o de policía, nunca de galán que se dedica a los negocios finos, o sea, a robar finamente. Tú no te lo mereces, te mereces mucho más, y por eso te escribo para proponerte relaciones, así, directamente, sin rodeos; además, con el consentimiento de mi esposa que, desde que estuve malico, me consiente casi . Pero, a lo que iba: yo soy más joven que ese tipo mal alimentao y peor hablao y necesito poco pa' ser feliz, no como los americanos que a las primeras de cambio ya os estáis divorciando del decimoséptimo marido. Yo sé aguantar e incluso te permitiría alguna cana al aire que otra, porque hago caso al chiste que entenderás cuando estés por aquí y conozcas con soltura los dobles sentidos del lenguaje. Es aquel que le pregunta uno a otro: "Oye, ¿tú qué prefieres tener cuernos o colesterol?" Y le contesta el otro: "Yo, cuernos, así como de ". Pues  yo, contigo, igual. No me digas que no es una ventaja, tal y como están los tiempos y lo caros que os salen los divorcios a los americanos. 
Yo procedo de una zona como no tenéis ninguna en América porque allí lo hicieron todo más tarde. Cuando os descubrieron, aquí, en mi comarca -bueno, en Guadix- teníamos ya catedrales renacentistas-barrocas, alcazabas árabes, teatros romanos, palacios  y palacetes, ricamente ornamentados, aunque el pueblo llano viviera en la miseria en las distintas épocas, en cuevas trogloditas o en casas de adobe que no resistieron el paso de los tiempos.
Como tú aportarías más dinero  a la sociedad conyugal, te propongo que nos compremos  un cerro, nos hacemos una cueva con vistas y lo transformamos en un vergel, como ha hecho mi amigo Pedro con su Oasis; porque tengo  buenos amigos aquí, empezando por Inma que hace unos churros que quitan el hipo; más tarde nos tomaríamos el aperitivo con su tapa; luego nos hacemos una comida ligera y una siestecita en el fresquito de la cueva. (Un inciso: si te diera aprensión la cueva, nos compraríamos un palacete de los muchos que hay por Guadix para restaurar, y también estaríamos fresquitos, tú por eso no te preocupes). A mi amigo  Pepe le encargaría que nos preparara rutas para conocer bien la comarca. Y después,  una merienda-cena en cualquier terracita. El único problema que veo es que con tanto churro, vino, tapa, siesta, etc., tu linda figura iba a coger unas curvas que quizás a ti no te gusten pero que aquí nos encantan, con lo que descenderías del Olimpo de las diosas para convertirte en mujer terrenal, que son como las diosas pero están más a mano. Incluso tengo un amigo escultor que se llama Paco, que te modelaría en barro para que tu belleza quedase para siempre jamás. 
No me digas que todo lo que yo te ofrezco te lo ofrece ese sieso que, será buen actor, pero gracia no tiene ninguna.
No seas tonta, piénsatelo y vente pa'cá, que te esperamos con los brazos abiertos y descubrirás una nueva vida, que, además, ya va siendo hora de que asientes la cabeza, mujer…
Atentamente.

  • Sería de necios, o de hipócritas, que la oveja negra tiñese su lana de blanco.

FEDERICO FUERON TODOS

Es un mes de agosto de cualquier año y hacemos un viaje, muchas veces aplazado, a Granada para visitar  los lugares que tienen la huella de Federico García Lorca. Fueron muchas las visitas que realicé a mi ciudad, muchas las horas que anduve por sus calles y sus plazas; más horas todavía las que dediqué a la Alhambra y el Generalife, a la Catedral, el Corral del Carbón, Plaza Nueva, a los mil y un monumentos que la jalonan, pero nunca visité Fuentevaqueros, nunca fui a la Huerta de San Vicente, nunca subí al barranco de Víznar… Siempre tenía una excusa o quizás una íntima pena que me impedía ir a los lugares de Federico.
Llegamos a Granada y allí debíamos  tomar la antigua carretera de Málaga o la más moderna, pero ya vieja, Autovía del 92 que las malas cabezas hicieron, parece, con materiales de desecho de tantas reformas sobre reformas que lleva. A pocos kilómetros de Granada hay un desvío que nos lleva al pueblo, pero la mala señalización o la poca habilidad del conductor, hicieron que nos equivocásemos y en vez de ir a Fuentevaqueros entráramos en un camino rural que llevaba al cementerio. En las puertas del camposanto se acababa la carretera, así que dimos media vuelta y volvimos a la carretera para tomar la entrada correcta. Llegamos al pueblo y aparcamos el coche en una amplia avenida en la que cada motivo decorativo recordaba a Federico y, como presumíamos una mañana intensa de visitas, nos dispusimos a buscar de inmediato la casa natal de Lorca. Preguntamos y nos indicaron el lugar: estábamos a unos pasos del primer objetivo. Llegamos y vimos el horario de visitas. Faltaban unos minutos para que abrieran las puertas y esperamos con emoción mirando cada palmo de la fachada, la puerta, las ventanas, haciendo fotos. Pero la emoción fue mayúscula cuando cruzamos el umbral de la puerta y recorrimos las estancias de la casa: el salón, la cocina, los dormitorios, el patio, el viejo granero reconvertido en pequeño museo con objetos de toda índole que recuerdan al poeta. La emoción aumentaba a cada paso cuando vimos la cuna que ocupó de niño, los sillones o las sillas en las que se sentó, cuando vimos los cuadros que él miró, las fotos familiares que adornaban las paredes. En fin… tantas cosas que en ocasiones hasta temblaban las piernas.
Tras la visita a la casa dimos un paseo por el pueblo y volvimos a Granada. La siguiente etapa iba a ser la Huerta de San Vicente, la que fuera su casa de recreo en las afueras de la ciudad y que hoy ha quedado integrada en el casco urbano, aunque rodeada de un espacioso parque. Llegamos a la casa y ya no admitían más visitantes ese día, estaba el cupo cubierto y hasta el día siguiente no se podía visitar.  En una próxima visita…
Y como no se podía entrar, nos internamos en la ciudad para ir al centro histórico, la Catedral. Sacamos las entradas para la Capilla Real, donde yacen los cuerpos de los Reyes Católicos y de sus hijos en sus majestuosas tumbas; los reyes y sus descendientes que desde la conquista de Granada pusieron las bases de la España que siglos después asesinaría vilmente a Federico. Como en la mente ya estaba la idea de ir al barranco de Víznar, donde se supone están los restos del poeta, no pude dejar de pensar en el lugar de la Capilla donde estaban los reyes en contraposición al limbo en el que estarán los restos de Federico. Esa es la España -una, grande y libre- que forjaron Isabel, Fernando y demás descendencia hasta llegar a esta de hoy, dividida en dos bandos (¿O son tres?) que se soportan pero que se siguen mirando de reojo.
Llegamos a Alfacar y creemos que el parque, a orillas de la carretera, que se llama “Federico García Lorca”, es el sitio que buscamos, pero no, es un parque creado artificialmente por la mano del hombre para recordarle. Seguimos buscando carretera adelante y llegamos al pueblo de Vínar sin encontrar el lugar. A la entrada del pueblo preguntamos y alguien desde el borde de la carretera nos dice:
- ¿Veis aquella piedra blanca en la carretera? –la piedra se ve nítidamente desde la entrada del pueblo.
- Sí, hemos pasado por allí.
- Pues desde allí sale un camino que lleva hasta donde se supone que está enterrado. Ahora han hecho un camino rural hasta la supuesta tumba.
Desandamos el camino andado y llegamos a la piedra blanca que señala: “Barranco de Víznar”. Seguimos el camino y vemos algo que al acercarnos leemos con claridad: “FEDERICO FUERON TODOS”. ¡Cuánta generosidad! Todos, absolutamente todos fueron –fuimos- víctimas de la guerra, aunque sólo una parte haya tenido el reconocimiento a su muerte injusta, y ya es hora de que se honre a todos los muertos. Y eso no será reabrir heridas sino cerrarlas para siempre. Al pasar con el coche por la carretera no podíamos imaginar que fuese en ese lugar donde estaba lo que buscábamos por lo recóndito del paraje, pero los asesinos saben que la ignominia de sus actos no debe quedar a la vista de todos, por eso las fosas comunes de la guerra se esconden en los lugares más insospechados, para que su vista no arañara a cada paso la ¿conciencia? de los asesinos. Recorrimos el paraje durante un largo rato, bajamos al túmulo bajo el que se suponen reposan los restos de Federico, el torero y el maestro de escuela –sus compañeros de cautiverio- y en silencio mirábamos cada palmo de terreno como si esperásemos que una voz desde el más allá respondiera a todos los porqués que nacían de nuestra indignación al pensar cómo puede un ser humano llegar a tal grado de maldad. Mataron al poeta y con su acto alargaron su vida tan lejos en el tiempo como durará nuestro desprecio por ellos.
Mi hermana tiene una amiga que, cercano el día en que debía trasladarse a vivir a Granada para trabajar en su universidad, le dijo una frase que desde ese día llevé conmigo a cada instante: “No sé cómo podré vivir en una ciudad que entierra su río y mata a su poeta”. Afortunadamente, los tiempos han cambiado y ahora, creo que no hay quien la prive del privilegio de vivir en Granada.
Algún tiempo después, pisé nuevamente las calles de mi querida Granada, la ciudad de mis sueños, a la que siempre quiero volver. Y he completado, por fin, la ruta de Lorca, visitando La Huerta de San Vicente, Y he sentido el mismo pellizco en el estómago que cuando visité su casa de Fuentevaqueros al pasear por las estancias que sintieron sus pasos, y contemplar el que fuera su espacio y los objetos de su vida cotidiana.
Después de comer y tomar café en Plaza Nueva, cumplimos con el rito de subir a la Alhambra para rearmarnos, una vez más, con las armas de su extrema  belleza. Y embriagar los sentidos con el rumor del agua y el trino de los pájaros; con la sencilla majestuosidad de los palacios y con el paisaje de cerros y casas blancas que circunda la Colina Sabika. 

  • Que quienes tienen la responsabilidad de defender unos principios los traicionen, no invalida los principios sino al traidor.

EL CURA DE FONELAS
Visitando una excavación sobre el ayer supe de la existencia de un hombre cuyo ejemplo tendría que ser el prototipo para el hombre de siempre. Pepe, mi acompañante, me dijo que era el cura de Fonelas y que, cuando el Trío de las Azores declaró la guerra a Irak, abandonó su labor pastoral y se fue de escudo humano para intentar -¡pobre!- parar la guerra. Con razón los buenos maestros que tuve me dijeron que tratase a los hombres sin pedirles antes su filiación. 
El cura de Fonelas vivirá para siempre en el libro imaginario de mis héroes. Desde aquí, mi homenaje.

  • Es coherencia la ardua labor de mantener la armonía entre lo que haces y lo que dices.

DE MARCHA

En un arranque impetuoso de espíritu deportivo me he apuntado, junto con mi cónyuge, para participar en una marcha campestre en Fonelas.
Ahora escribo desde la placidez del sofá, tendido todo lo largo que soy -1,73-, después de practicar para caminar los 18500 metros de la prueba, que deben de ser duros. Sólo me preocupa perderme por el campo o que llegue con el control cerrado, porque los demás participantes serán de la comarca y estarán habituados al terreno, pero yo es la primera vez que voy y me entreno, en mi barrio, sobre pista lenta,  de ahí mi temor a  no adaptarme a terrenos ariscos. Además, nos han dicho que en el avituallamiento nos van a dar agua y plátanos y yo me avituallo por lo general en el bar Alegría de mi amigo Lozano, con una cervecita fresca y una tapa de torreznos, que no es lo mismo.
También espero que no haya muchas cuestas porque al subir  me suele  dar flato, con lo que tendría que aminorar la marcha y perder comba, aunque para mí lo importante no es ganar sino participar. Yo el espíritu olímpico lo tengo totalmente asumido y lo práctico, no como otros que echan el resto -o el resuello- por ganar.
Una hora después que nosotros saldrán los corredores, sí, los de la carrera-carrera, esos que parecen gamos cuando los ves en directo. Ya me los imagino pasándonos  como una exhalación y eso que salimos mucho antes, pero no nos podemos comparar a  esos tipos estilizados que, seguro, no utilizan ni el avituallamiento, con lo que tocaremos a más. Los atletas parece que se alimentaran de aire, no como nosotros los andarines, con nuestra tripa y nuestras carnes fofas, que hasta el aire nos engorda. Ya los veo por los badlands de Fonelas, con sus piernas de palillo y dos palillos por brazos, la cara escurrida de la que sobresalen dos ojos que parecen querer salirse de las órbitas, trotando como ciervos sobre esos andurriales. Una cosa es hacer deporte y otra quedarse tísico, sin un gramo de grasa, que algunos parecen la radiografía de un silbido, por no decir la de un esqueleto.
Nosotros los andarines iremos también a buen ritmo, pero nada uniforme, departiendo, contando chascarrillos, los que se conozcan, metiéndose con los descolgados, que si tanta cerveza, las tapas, las copas... 
Yo, para la marcha, llevaré una vara que me hice para cuando salgo a entrenar por los campos de mi pueblo, más que nada por si me sale un bicho de pocos kilos porque si es de muchos no le hago frente, directamente me rindo y que haga conmigo lo que quiera. Pero por lo menos me hago la ilusión de que voy armado, que tampoco es cuestión de ir a hacer footing o a andar deprisa armado hasta los dientes  con una escopeta de cañones recortados o con un sable. No es eso, hombre. A mí, lo más que me ha salido por el campo hasta ahora ha sido un perro mediano, pero no he tenido necesidad de utilizar mi arma, sólo hago lo que me enseñaron los entendidos: la estatua; se me acerca, me olisquea y se va. Eso por ahora, ya veremos más adelante como me salga un jabalí, un perro grande o una cabra montesa envalentonada que me veo encaramado a un olivo, si me da tiempo.
Bueno, seguiré entrenando para no hacer mucho el ridículo el domingo por los badlands de Fonelas. Y si vuelvo entero, lo cuento.

TRAIL DE LOS BADLANDS

Pues lo cuento: Lo finalicé, y con un magnífico resultado para mí, medalla de plata, o sea, penúltimo, pero con el control abierto y porque en la última bajada algunos desaprensivos, entre ellos algunos amigos, incluso mi esposa, echaron a correr, algo prohibido porque nosotros éramos andarines. Pero bueno, el espíritu deportivo, a veces, brilla por su ausencia. Eso sí, como entré solo, todos los aplausos de la concurrencia fueron para mí.
Ya empezamos mal: para los torpes daban la salida a las 8.15, para los aventajados a las 9.30. Como en los juegos de niños: "te doy hora y cuarto de ventaja, a ver sí me ganas, manta". Significaba que nos teníamos que levantar con las del alba y estar media hora antes para que nos leyeran las instrucciones, recoger los dorsales, en fin... Y en domingo.
Éramos un grupo variopinto, mezcla de edades, entre los 18 y los... bastantes, porque los había tan mayores que a su lado yo era joven.  Dieron la salida y todo eran risas y alegría mientras salíamos del pueblo, y yo ya empezaba a ver cómo se me alejaban; cuando llegamos a las alamedas sólo veía algunas unidades sueltas delante de mí, y es que parecía como si quisieran ganar, joer, con lo bien que se va en compañía. Me iba quedando solo, por lo que hice bien en echar mi vara por si a los animalejos les daba por atacar... 
En el avituallamiento, a la sombra de un frondoso árbol, vi a una chica de la organización, guapa, hermosa, tanto que estuve a punto de desmayarme para que me reanimara, pero, como venía mi mujer cerca, y sólo llevábamos 3 kilómetros, me contuve y seguí impertérrito la marcha, aunque durante un trecho mi cabeza se giraba sola para atrás, como si tuviese un resorte, para ver como la moza se perdía en la lejanía del camino andado.
Pronto empezó la primera dificultad, una subida equivalente al Alpe d'Huez de los ciclistas; nada, a subir y a empezar a echarnos agua por la cabeza, que ya nos habíamos avituallado con agua y plátanos y a empezar a disfrutar del maravilloso espectáculos que nos brindaba la madre naturaleza, los badlands. Los ojos se me iban para un lado y para otro, me paraba, hacía fotos. En la subida había perdido a mi mujer que con sus pequeñas zancadas le costaba más y decidí esperarla.  Ya en compañía seguimos con las foticos, para que quedara constancia de que habíamos pasado por aquellos barrancos, que la gente es muy incrédula. En esto que escuchamos un ruido por detrás, nos volvemos y era el primero de los corredores, que ya nos pasaba. Durante la bajada lo hicieron el resto, que iban como gamos, como sí llevaran prisa. Nosotros, nada, a lo nuestro. nos echábamos a un lado y, como en la Fórmula 1 o como cuando alguien te echa las largas, les facilitábamos el adelantamiento. Además, iban de sobraos, pasaban y nos daban ánimos: venga, chavales, que ya queda menos. Nos ha fastidiao...
Al bajar pasó el coche escoba y nos preguntó cómo iba todo. A mí sólo se me ocurrió preguntarle, casi sin resuello, si quedaba alguien por detrás. "Sí, tres o cuatro", respondieron. Eso fue una tremenda inyección de adrenalina y aceleré la marcha, marcha que tuve que aminorar de nuevo cuando comenzamos la siguiente ascensión y vi que había vuelto a perder a la madre de mis hijos. A esperar y a subir juntos, para que luego la desaprensiva echara a correr cuando vio el cartel de los 18 kilómetros y me dejara sólo los últimos 500 metros y con el mal sabor de boca de pensar que era el último. 
En fin, que ha merecido la pena, nos han atendido de maravilla, hemos saludado a amigos, hemos hecho otros nuevos y me he llevado una pequeña decepción, me explico: le digo a alguien, ya con la cerveza y el bocata de lomo en la mano que el ejercicio realizado me habrá hecho perder al menos dos o tres kilos de peso, y me dice que no, que pierdes peso si corres. Y me pregunto, tanto esfuerzo, ¿para qué? La respuesta es que la vista y el resto de sentidos sí que han ganado.
(En la meta, y mientras me hacía con el bocata y la cerveza, volví a ver a la chica de la organización; me despisté del grupo, me acerqué a ella y le dije hola. Ella, después de mirarme de arriba abajo, y de ver ante sí a semejante eccehomo, sudoroso y polvoriento, me respondió: "Enhorabuena por terminar la carrera, es usted un valiente". Le di las gracias y volví con mi grupo. La carrera había terminado.)
¡Viva Fonelas!

PASEO MAÑANERO

Voy por el campo en la mañana y me encuentro a dos gitanos con un caballo y en animada conversación.
-        Venga usté  pa’cá que va a ser nuestro tratante, - me dicen cuando llego a su altura.
-        ¿Yo? No tengo ni idea de caballos, - les respondo.
-        Tó er mundo sabe de caballos, payo.
Pues así sea. A ver si había entendido el quid de la cuestión: uno quería vender un  caballo por 100 euros y el otro decía que valía por lo menos 500 euros. Es lo que tendría que decir la pura lógica.
-        ¿Usté qué dice?, - me pregunta uno con un frondoso bigote.
Y yo, sin tener ni idea digo lo primero que se me ocurre:
-        Pues que entre 100 y 500 hay mucha diferencia - contesto y prosigo: 100 euros me parece poco; yo creo que 300 es una cantidad justa.
-        El payo dice que 300, así que 300, sentencia el vendedor y se dan la mano sellando el trato.
-        Yo soy el que vende y le pedía 100 euros, dice el del bigote, - dirigiéndose a mí, que los miraba estupefacto.
-        ¿Tú vendías por 100 euros…? ¿De quién es el caballo?, pregunto extrañado.
-        Estaba en el campo suerto, no es de naide, - respondió riéndose.
-        Adiós, amigos, - y seguí mi camino riéndome.
Me quedé con la duda de si habían provocado la situación para reírse de mí o hablaban en serio.

EL JOVEN ESCRITOR
Cuando aquel aspirante a escritor era joven le preguntaron: “¿Qué prefieres ser una buena persona o un buen escritor?” Contestó: “Un buen escritor, y explicó su respuesta: La buena escritura sale de los malos instintos... Un tipo bueno solo escribe lo que a nadie interesa….”
... Con el tiempo fue un novelista de éxito 


·        Nacen, crecen, vegetan y mueren, y en el lecho de muerte piensan que si hubiesen sido alguna vez sensatos se habrían suicidado.

martes, 21 de marzo de 2017

UN AÑO EN LA VIDA VII (JULIO)

  • Soy un tipo que se conforma con poco, que es mucho.

EL POLLO

Cuando yo era un mozalbete de doce o trece años ayudaba a un vecino en la carnicería que tenía en el barrio, y con él comprobé de primera mano las artes que utilizan los pillos para arrimar algo más a su cartera, o para engañar a la clientela que se deja llevar por las apariencias.
En cierta ocasión, una señora pidió un pollo y yo, sin reparar en nada más, cogí el único que quedaba en el expositor y que, después de tanto ajetreo durante una mañana de sábado, no tenía la postura inicial, con las patas encogidas y colocadas debajo de la pechuga, las alas en su sitio, la cabeza y el cuello pulcramente colocados; no, el pollo estaba deslavazado, casi como en posición de intentar echar a volar, con un ala extendida, la otra encogida, una pata debajo, otra estirada hacia el lateral, el cuello exhibiendo la herida sanguinolenta que había sido la causa de su muerte, en fin… Era un auténtico adefesio. La señora dijo que no quería semejante ejemplar. Para poder vender algo tiene que entrar primero por los ojos del comprador. Mi jefe, experto en el arte de la simulación, me dijo, como echándome la bronca, que cómo le iba a dar ese pollo a la señora, que esperase que él le sacaría otro, presentable, de la cámara frigorífica. “Este, para los perros”, sentenció. Pero no se lo echó a los perros; se lo llevó con él a la cámara y salió con otro que parecía recién llegado del matadero, en posición de revista correcta, la piel tersa, como correspondía a haber estado conservado en frío. Ese pollo sí le gustaba a la señora y yo procedí a preparárselo en cuartos, para asar, y todos contentos.
Cuando se fue la clienta, me dijo el jefe: “¿Sabes qué pollo se ha llevado?” Pues el que has sacado de la cámara, le respondí todo inocente. “Pues no: el que le ibas a dar tú, que le he echado un poco de agua por encima y lo he colocado bien.”
Mi asombro fue tan grande como cuando llegaba la Navidad y las clientas iban a comprar el preceptivo corderito y él, con suma habilidad, le metía entre los costillares una de las piedras que tenía preparadas a tal efecto, escondidas en nuestro lado del mostrador, de determinados tamaños, y que servían para engordar artificialmente el ganado. Como después se quitaban las grasas, algunos huesos y se tiraban otros elementos, no había forma de que la señora protestase por la mengua en el peso del bicho. Las malas artes casi siempre suelen producir pingües beneficios.
Si pensamos en el panorama político español y en los grupos que enarbolan la bandera de la renovación, vemos cómo hasta hace poco tiempo han estado expuestos a la pública opinión con un ideario anacrónico, excesivo y al que nadie había prestado atención por diversos motivos. Así ha ocurrido a un lado y a otro, a derecha y a izquierda. Ahora, tras la crisis que ha acabado con todo, estos grupos se han dado un barniz moderno, han elaborado unos programas ad hoc, que recogen lo que sus feligreses de cada bando quieren escuchar, para que les compren el pollo. Otra cosa será si después de conseguir su objetivo, se ponen a cocinarlo y resulta que estaba podrido.
Quizás tendría que haber contado el cuento del lobo y los cabritillos, con el que tanto sufría yo cuando era niño pensando en los pobres animalitos, porque, aunque sólo votan los mayores de edad, todavía seguimos creyendo en cuentos.

  • Estar en contra de una idea me da derecho a criticarla, no a insultar a quien la defienda.

MI AMIGO G.

Mi trabajo tiene algunos aspectos positivos: estás en permanente contacto con la cruda realidad de quien no tiene trabajo y lo busca desesperadamente, o no lo busca, o rechaza el que le ofrecen, que de todo hay en la viña del Señor…
Un día me encuentro a un viejo amigo, compañero de la escuela primaria de la que salimos a los catorce años para irnos a trabajar. Él se colocó en una de las multinacionales de la localidad en la que trabajaba su padre, con los Estudios Primarios recién terminados. Como se le daba bien sumar, restar, multiplicar y dividir, le pusieron en el departamento de Administración, en las oficinas. Yo fui a una empresa pequeña en la que estuve 16 años, estudié, hice una carrera y me despidieron porque iban a cerrar y me busqué la vida. Él ahora tiene 50 años, y su empresa es de  las que han tenido abierto ERE’s para cuadrar sus cuentas de resultados desde que se inventaron los ERE, y ahora le han despedido con una indemnización millonaria, 300.000 euros, dos años de paro y le complementan hasta el 85 por cien del sueldo hasta la edad mínima de jubilación. En resumidas cuentas: 15 o 16 años hasta la jubilación, en parte mediante prestaciones o subsidios, que le estaremos pagando entre todos. Y después la jubilación. Esto no hay estado del bienestar que lo soporte.
Está claro que la protección por desempleo es imprescindible en un estado civilizado, pero tiene fallas como la que relato que se deberían haber corregido porque estamos creando un mundo del trabajo dual: unos cuyos derechos son muy limitados y otros, especie de aristocracia obrera, que por caer donde cayeron, disfrutan de seguros, complementos, y otros que el resto no tiene. ¿Qué me dicen de los ERE’s de Telefónica? Porque a mi amigo G., desempleado, que no venga nadie a ofrecerle un trabajo que a él le ha dicho su abogado que a todos los efectos está jubilado… Que la empresa le jubile y le pague lo que quiera me parece bien, pero la prestación por desempleo es para los que involuntariamente pierden el trabajo y los subsidios son ayudas asistenciales para quienes no tienen recursos. Él se aprovecha del sistema porque su empresa se ha aprovechado mucho más. Y todos los gobiernos se lo han permitido.
Cada vez que viene a sellar su demanda de empleo (una vez al año para no molestarle en exceso, me saluda y me pregunta: ¿Cuándo te jubilas, pringao? Y se va hasta el próximo año…

  • Después de inventar de nuevo la rueda, lo intento con la máquina de vapor; a ver si no tardo tanto como la última vez. La humanidad no me lo perdonaría.

ABUELOS 

Dicen que hoy, 26 de julio, es el día de los abuelos, como podía ser el día del jilguero cantarín o del calor que nos derrite. Vale. Yo recuerdo cada día, intermitentemente, a mis abuelos, a todos mis ancestros; cada día miro atrás para explicarme lo que pasa en el presente porque, al fin y al cabo, no soy más que la suma de todo mi pasado, me guste o no me guste, de lo bueno que ha sido algo, y de lo malo que ha sido mucho. O al revés, igual me da. 
Tozudos caprichosos rencorosos listos desprendidos egoístas cariñosos derrochadores valientes manirrotos trabajadores vagos emprendedores locos mujeriegos tontos soñadores pendencieros... Así se escribe la historia, y de todo ese pasado queda lo que hoy camina conmigo por el mundo, intentando separar el trigo de la paja.

  • Quienes a cada paso tienen la necesidad de reafirmar su fe, ¿no será que tienen cargo de conciencia por haberla abrazado demasiado tarde, o a destiempo?

CARTA A ARTURO PÉREZ REVERTE

Querido Arturo:
Yo le conocí como periodista, reportero y corresponsal de televisión más exactamente, pero fue cuando dejó esa profesión y ajustó cuentas con ese mundo, cuando supe de usted como persona a través de su libro TERRITORIO COMANCHE, en el que ponía de vuelta y media, con muy poco estilo y no sé si con o sin  razón, a jefes y compañeros; en cualquier caso, decía poco de la persona que se atrevió a hacerlo sólo cuando abandonó el barco. Y mostraba especial desprecio hacia su compañera Ángela Rodicio, a la que denigraba con calificativos difícilmente soportables, acusándola de humillarse para medrar en el trabajo. Me pareció bajo, muy bajo; aunque todo lo que contase fuese verdad, tendría que haber sido valiente y denunciarlo cuando comía de la televisión, pero eso suponía un riesgo… Desde ese momento pensé que era alguien que no merecía la pena y nada de su vida me interesó.
Después vinieron los Alatriste, las superventas, la fama, el ascenso a la Academia de la Lengua, (pensé: él, Cebrián y Anson, mal debe estar el panorama literario español), en definitiva, se creó el inmaculado personaje Pérez-Reverte, que empezó a pasear su pretendida honradez, su altiva figura, su prepotencia por los medios con el fin de impartir doctrina y vender su obra. Para ello tenía que aparentar ser la esencia del hombre íntegro, azote del mal que asolaba la política, la sociedad, la cultura, la educación, en definitiva, todo lo concerniente a esos españoles zafios, vagos, estridentes personajes de tragicomedia, culpables de llevar a su país a la miseria intelectual y material en la que se encuentra sumida desde siempre. Y a la menor ocasión repite usted la cantinela como una letanía, injusta por excesiva, pero muy rentable.
Es fácil decir que todo está mal, pero la crítica ha de ser constructiva para que sea tomada en cuenta y se intente rectificar; la suya es apocalíptica y considera que no tenemos remedio porque nunca se tomaron los caminos correctos. Usted sabe que, en política, siempre tuvimos “médicos” que hacen buenos diagnósticos, pero muy malos “cirujanos”, y los que creen tener la solución a todos los males, gritan mucho, pero se suelen lavar las manos como Pilatos.
Y sobre su obra literaria, señor Pérez, le aplico la definición de ese francés, Renard, tan puntilloso : “Periodista es alguien que escribe más que Balzac y no deja una sola línea para la posteridad”.
Atentamente.

  • ¿Por qué será que el seguidor de cualquier dogma casi  siempre se cree investido de una autoridad moral que niega al que no profesa fe alguna?

MENASALVAS (Toledo)

Un día asistimos al acto de homenaje y posterior inhumación de los restos de 16 vecinos del pueblo de Menasalvas en la provincia de Toledo, asesinados el 3 de abril de 1939, dos días después de finalizar la guerra civil, cuando volvían al pueblo desde el frente, y a los que enterraron en una fosa común, y los estaban esperando los padres o los abuelos de quienes, ahora, quieren que no se remueva el pasado para que no se les descubra del todo su perfil sádico e inhumano, escondido tras una fachada de personas buenas, piadosas y amantes del orden. Todos fueron culpables, los asesinos y quienes los ampararon, por acción o por omisión, y no habrá tiempo suficiente para limpiar la culpa de unos y de otros.
Un equipo multidisciplinar había intervenido en el desenterramiento y estudio de los restos: arqueólogos, historiadores, antropólogos, psicólogos, etc., todos de forma altruista y gracias al empeño tanto de las familias como de los diferentes Foros para la recuperación de la memoria histórica, esas personas a las que las gentes de la derecha extrema de hoy, en cuya memoria vive la mala conciencia del pasado, considera enemigos por su afán de recuperar la verdad; de ahí que no quieran ni oír hablar de memoria histórica.
Las tres palabras que presiden el acto: VERDAD, JUSTICIA, REPARACIÓN, son algo más que un eslogan, son tres palabras a las que cualquier damnificado directa e indirectamente por cualquier crimen contra la humanidad  aspira para que el mundo sea un lugar digno de quienes lo habitan. Vivir tanto tiempo con la mentira llevaba a la ausencia de justicia y, en consecuencia, las víctimas no han visto reparado nunca su sacrificio por la libertad. Es el caso. Es el más grave déficit de la democracia española, que no ha sabido buscar la fórmula para reparar a todas las víctimas por igual. Aducen unos y otros, a un lado y a otro, que hay que olvidar, que la Transición fue un ejercicio de reconciliación. No. La Transición fue un ejercicio de olvido para que una parte de la sociedad española, pudiese dormir tranquila sabiendo que nadie le iba a pedir cuentas por su macabro pasado. Y como se cerró la herida en falso, la herida sigue sangrando.
En Menasalvas, durante todos estos años, más de 70, los vencedores, que en definitiva son quienes escriben la historia, divulgaron la versión de que habían sido los rojos quienes mataron a estos vecinos del pueblo, porque los rojos eran culpables de todos los males habidos y por haber. Y no había posibilidad de cuestionar esta verdad oficial. El tiempo, y las gentes del pueblo que lo vivieron, han desempolvado la verdad: los falangistas estaban esperando a los que volvían al pueblo desde el frente pensando que la guerra había terminado, pero la guerra no había terminado. Con el final de la contienda no había llegado la paz sino la victoria, y haciendo honor al fin último del levantamiento militar contra la legalidad republicana, aquella sería una guerra de exterminio que se extendería más allá del campo de batalla. Cuando callaron los cañones se abrieron paso los juicios sumarísimos, los paseíllos, los ajusticiamientos en las tapias de los cementerios, el ruido de los fusiles contra los cuerpos de los hombres vencidos ya tantas veces, las fosas comunes o los enterramientos en las cunetas de cualquier carretera. Había que limpiar el país de cualquier rescoldo republicano. Y si nunca arrancarle la vida a un hombre es un acto de justicia, en este caso fue el más grande acto de cobardía y quienes lo cometieron no eran hombres, aunque contaran con todas las bendiciones celestiales, sino alimañas.
En el caso de los vilmente asesinados de Menasalvas, primero se ha buscado la VERDAD, para que se pudiera conocer realmente lo que sucedió y no se viviese con la falsa idea de que fueron los rojos los que los asesinaron, como han querido hacer ver durante tantos años los auténticos culpables. Los culpables fueron los fascistas del pueblo y no lo hicieron por rencillas personales sino como parte de un plan preconcebido de exterminio.
Para que en un país impere la JUSTICIA, con mayúsculas, los culpables deben pagar por sus crímenes y no hay leyes de los hombres que borren sus crímenes, ni tiempo suficiente para hacer desaparecer las huellas. La búsqueda de la justicia no lleva consigo un afán revanchista sin más, no, la búsqueda de la justicia tiene como objetivo, siempre, hacer mejores a los hombres y, con ellos, a la sociedad en la que viven. Una sociedad sin justicia es un campo minado para que impere la barbarie. Durante el franquismo y hasta ahora, en esta cuestión, la impunidad ha campado a sus anchas y no podemos permitirlo.
Una vez puesta al descubierto la verdad, una vez la justicia haya hecho honor a su nombre, faltaría el tercer elemento, la REPARACIÓN, porque todas las víctimas deben ser tratadas por igual en un régimen democrático. ¿Por qué no se ha establecido por parte del Parlamento español un día como homenaje a las víctimas de la guerra civil y sí se ha hecho con las víctimas del terrorismo? Y cuando digo a todas, digo a todas, aunque a unas se las ha reparado suficientemente hasta hartarse del banquete de la victoria. Los familiares de asesinados, torturados, exiliados, represaliados de la guerra civil deben tener los mismos derechos de los que han disfrutado los familiares del otro bando y que los familiares de víctimas del terrorismo. Si este ha causado mil víctimas, aquella causó muchos miles más. Hasta que no se dé respuesta a todas estas cuestiones, no habrá reparación a las víctimas y a sus supervivientes. Esto es un asunto pendiente de la democracia.
Durante el acto me crucé con una persona a la que creí reconocer: “¿Te llamas Jacinto?”, le pregunté. Dio un paso atrás, extendió los brazos, y estos dos gestos me confirmaron que era Jacinto, compañero de clase en Escolapios desde los 15 hasta los 17 años, y culpable de que a tan temprana edad me interesara por la política. Él tenía tres o cuatro años más que yo y después del bachiller se fue a la mili  a Granada, de la que se enamoró, según me contaba. Volví a verle alguna que otra vez y le perdí la pista definitivamente, hasta hoy. En un principio no me reconoció; poco a poco, según le iba aportando detalles, recordó: “Vivías en San Isidro y tu madre me regaló un libro. Ya sé quién eres”. Habían pasado 35 años y ese día recuperé una parte importante de mi ‘memoria histórica’, quizás aquella que hoy me hace pensar lo que pienso y escribir, para seguir protestando, como escribo. Gracias Jacinto, por tu ejemplo y por seguir siendo como eras. Lo triste del caso es que aún tengamos que vernos en actos reivindicativos de este tipo por no haber sido más consecuentes con la historia, con la memoria y con la dignidad.

  • Cuando el único argumento que exhibes para decir que los tuyos son los mejores, es que son los tuyos, no tienes argumentos.

DESMITIFICANDO PERSONAJES

Trapiello (LAS ARMAS Y LAS LETRAS): “El principio sobre el que se asienta la Ilustración es el de que la verdad es siempre revolucionaria”.

Los escritores y la guerra civil (‘autores turistas’, los denomina Trapiello). Dijo Hemingway: “Nuestra maravillosa y terrible guerra civil”; María Teresa León: “Los mejores años de nuestra vida” (¿hay algo peor que una guerra civil, inconsciente?); Alberti: “La belle époque” (otro inconsciente aventurero que vivió toda su vida de los rescoldos de ‘su’ bella época); Auden, gran poeta inglés, vino para conducir ambulancias pero no condujo ni una; Spender, también poeta, afiliado al partido comunista inglés, vino para combatir, pero más tarde, en sus memorias, confesó que vino para tratar de conseguir la liberación de su amante homosexual encarcelado por desertor. Ideales de unos y de otros: todo es mentira. Orwell, Koestler, Brenan, Simone Veil, fueron la excepción entre los extranjeros; de los españoles, el más conocido, Miguel Hernández, los demás anduvieron en la retaguardia prestos para huir –sí, para huir- a la menor ocasión que se presentara. Él sí luchó por la República en la que creía y junto al pueblo del que se sentía parte, y sufrió el mismo final que gran parte de ellos: la muerte, no un exilio dorado en alguna universidad extranjera, después de haber ‘sufrido’ la guerra entre los lujos de la ‘feliz’ retaguardia. Cuenta Trapiello que en una ocasión bajó Miguel Hernández del frente de la sierra de Madrid y llegó al palacete donde vivían María Teresa León y Alberti; vió sobre la mesa los restos de un gran banquete, con buenos vinos y excelentes viandas, y en una pizarra que había en el salón escribe: ‘Aquí hay mucho hijo de puta y mucha puta’. La León, que era la única mujer de la reunión, se fue para él y le dio tal puñetazo que le rompió un diente. Desde entonces no se hablaron.
Y, siguiendo deshaciendo mitos, ahora le toca al ‘vividor’ Neruda, que acusó al bueno de César Vallejo de trotskista, con lo que eso suponía en aquella época para un comunista: condenarle a muerte. En este caso le privó de un trabajo que podría haberle ayudado a Vallejo a rehacer su maltrecha vida. Poco después de aquello murió.
Estudié Historia porque de joven me llamaba la atención, más que ningún otro acontecimiento histórico, la Guerra Civil. Cuanto más leo y conozco mejor las actitudes de unos y otros, pero sobre todo de los míos, más me doy cuenta de que todo fue una gran mentira, una gran fogata a la que todos echaron toda la leña que pudieron y que la gran masa silenciosa, la Tercera España, se vio envuelta en esa vorágine de destrucción y solo pudieron lamentarse. Cada día tengo, al respecto, más confusión en mi cabeza, en mis antiguas certezas.

  • Si yo fuera escritor, escribiría con palabras sencillas para llegar a cuanta más gente mejor. Si fuese político hablaría con el lenguaje del pueblo al que quiero convencer. Si yo fuese…

PRIETO, MASONES Y PROTESTANTES

Me tropiezo con unos Testigos de Jehová por la calle, me paran y no veía la forma de quitármelos de encima hasta que les he tenido que soltar lo del sevillano que cuenta Fernando Díaz-Plaja en “El español y los 7 pecados capitales”, cuando alguien intentaba venderle las virtudes de la Biblia protestante:
-        Mire usted, no creo en los míos que son los buenos, como para creer en los suyos.
Un amigo que me acompañaba y presenciaba la escena me recuerda la anécdota que se cuenta de Indalecio Prieto, al que sus amigos masones invitan a un ritual de la masonería. Después de dos horas de ritual, de mortal aburrimiento, termina, y le pregunta el amigo:
-        ¿Qué le ha parecido a usted la velada?
Y le contesta Prieto:
-        Pues mire… para esto, casi prefiero la misa.
¡¡¡Líbranos, dios, de los buenos y puros, que de los malos e impuros ya me libro yo!!! Amén.
POLÍTICA

-        Doctor, llevo unos días vomitando política española, ¿es grave?
-        Muy grave.
-        ¿Qué remedio hay?
-        Solo uno: nacer de nuevo y en otro país.
-        O sea, que me muero.

TERTULIA DE DINOSAURIOS   
Cada mañana aterrizaba en el bar para tomar su descafeinado “de sobre” con leche y una tostada de aceite, desayuno que pedía con una voz casi imperceptible desde la mesa  situada al lado de la puerta, “por si hay que salir corriendo”, repetía cada mañana como una cantinela, aunque él poco podía correr pues andaba arrastrando los pies y apoyándose en dos bastones cuyas empuñaduras eran sendas águilas bicéfalas. Cada mañana su mesa se convertía en centro de una tertulia de dinosaurios que comentaban, con el rigor propio de los reaccionarios –ninguno - lo que habían ¿debatido? previamente los tertulianos de la COPE, es decir, comentaban lo mal que lo hacían los socialistas, hiciesen  lo que hiciesen o lo que dejasen de hacer. Cuando dejaban de retroalimentar sus respectivos principios fundamentales del movimiento, preguntaban a la camarera por el periódico.
- Niña, ¿dónde está el periódico? –preguntaba él, líder carismático de la tertulia, no porque fuese el más listo que los demás sino por la edad, porque el escalafón es el escalafón.
- Lo tendrá un cliente - le decía siempre como una cantinela, aunque no fuese así.
- Pero, ¿hay alguien que pueda leer esa basura?
- Sí, usted entre otros – le respondía la camarera con ironía no exenta de cierto hartazgo.
Y cada mañana, la misma monserga: regañaba a la dueña del bar por comprar El País en vez de La Razón o El Mundo aunque ésta ya no le hacía caso porque le conocía de antiguo y sabía que ‘desbarraba’, y porque un cliente era un cliente y no quería que la caja se resintiese. Al final, siempre, se lo buscaba y se lo llevaba a la mesa.
-  Ande, tenga su periódico favorito, viejo gruñón…
-¿Tú no sabes que El País es el periódico de los rojos que no dice nada más que mentiras? - le preguntaba a la chica, tomándola del brazo y atrayéndola hacia él, y los demás aprobaban las palabras del jefe, como buenos militares franquistas que eran los tres tertulianos, y que tenían muy asumido el tema de la obediencia debida o el respeto al escalafón.
El líder leía los titulares de la noticia, enfatizando cada palabra y sin detenerse a leer el cuerpo de la noticia, la comentaban en voz alta –el que podía alzar la voz- para que se enterasen todos los parroquianos porque “nosotros no tenemos miedo a expresar libremente nuestras opiniones porque nadie los iba a callar” –avisaba con su voz cavernosa que parecía salir del otro mundo. ¿Quién lo pretendía? Nadie, pero ellos querían sentirse observados por la cantidad de barbaridades que decían y de las que se mostraban orgullosos.
Una vez hecho el repaso a las noticias del periódico daban por terminada la tertulia. Eusebio marchaba a su casa a seguir escuchando la Cope –  lo decía él - hasta que llegase la hora de comer, que volvería al bar a sentarse en la misma mesa, a tomar sus dos platos con postre y café y a repasar una vez más el periódico durante la sobremesa. Ahora, cada noticia, la comentaría en silencio, haciendo acotaciones, comentarios sobre el papel, con la letra firme del que está convencido de lo que dice, dejando después el periódico con sus en el mostrador para que el siguiente lector leyese su opinión. Para despedirse terminaba, como siempre, con la misma monserga:
-¿Por qué compráis El País?
Para que usted pueda criticarlo –le volverán a decir desde la barra la camarera o la dueña, en el mismo tono de quien le habla a un armario.
Llevaba un tiempo sin aparecer por el bar y los parroquianos éramos conscientes del hecho porque el periódico estaba inmaculado, sin comentarios. Pregunté por él, no porque me importe su vida, sino por curiosidad y me dijeron que se lo habían encontrado muerto hacía unos días en su casa, en la que vivía solo, mejor dicho, abandonado por el mundo. Escuchándole hablar no me extrañó que gente con tan malas pulgas pudiese convivir con alguien.
Pero no había muerto, eran las malas lenguas del barrio que lo habían matado. Al cabo del tiempo le volví a ver en el bar, comiendo, con un hombre joven y en una silla de ruedas, sin apenas poder respirar, recibiendo del joven la comida, con un hilo de voz apenas audible…
Pasados unos días –pocos- desapareció, ahora sí, para siempre, porque en el bar pusieron una esquela anunciando su muerte y la hora y el lugar de una misa que le iban a decir, no sé para qué porque ese tipo de gente tiene reservada plaza en el cielo y no hace falta que se rece por ellos.