jueves, 1 de septiembre de 2016

UN AÑO EN LA VIDA (III) MARZO


UN AÑO EN LA VIDA (III)                                                              MARZO

  • Siento cierta pena por aquellos que tienen que reafirmar siempre sus principios atacando los del contrario: no deben estar muy seguros de ellos.

VIAJES DE VUELTA E IDA  

En los viajes de ida y vuelta entre el lugar donde resido y en el que nací, las palabras ida y vuelta no tienen el sentido que se les da tradicionalmente. Ir desde Getafe a Purullena es, siempre, volver; cuando regreso a Getafe, es un viaje de ida porque queda pendiente otro regreso.
Y así será hasta el regreso definitivo, ese en el que no existirá la posibilidad de irse de nuevo.

  • ¿Estar enfermo de vida es intentar que tenga sentido cada segundo que pasa?

EL VIVIDOR

Dicen las malas lenguas que el sujeto al que me refiero era niño todavía y leía algo relacionado con Adán y Eva y el asunto del mordisco a la manzana prohibida, y a la voz del guardián del huerto cuando los expulsaba, que decía el libro que dijo:
-          Te ganarás el pan con el sudor de tu frente... 
Cuentan que al niño le entró tal canguelo que un sudor frío le recorrió todo el cuerpo, y que cuando llegó a casa le preguntó al padre si lo que decía el libro le pasaría a todos los hombres, y si no había otros métodos menos penosos para ganarse el pan. Dicen que el padre le contestó:
-          Depende. 
Y cuentan que fue en ese instante cuando empezó a indagar... 
Lo demás es historia conocida.

  • La gente importante no es la que hace esperar a sus invitados sino la que espera pacientemente para recibirlos.

ODIO – AMOR

Se presenta un tipo en mi mesa para "apuntarse al paro". Rapado hasta las cejas, barba de tres días, camiseta sin mangas que dejaba al descubierto unos brazos musculosos y tatuados hasta el mareo, y en cada dedo de la mano derecha tatuada una letra que, unidas, conformaban la palabra O D I O, al estilo Mitchum en LA NOCHE DEL CAZADOR. 
Con este tipo de personas suelo empatizar porque les debo recordar a su abuelo, el que murió del susto la primera vez que vio al nieto de esta guisa, y me suelo mostrar cínicamente más agradable de lo habitual, por si acaso. Cuando terminamos el proceso de inscripción, le digo, señalando los dedos de su mano izquierda:
-          Te falta lo contrario al ODIO en la otra mano.
Y me contesta:
-          ¿Tú crees que en este jodido mundo hay sitio para el AMOR? 
-          Yo creo que sí... Pero es sólo una opinión, - respondí encogiéndome de hombros.
-           Pues, tío, esa suerte tienes...
Y se fue al mundo que le esperaba fuera.

  • Los excesos de unos alimentan la xenofobia de otros.

LA MADRE DE LEANDRO

Me llama mi amigo Leandro porque está emocionado y quiere compartir su emoción conmigo. Su madre tiene 75 años y hace poco tiempo perdió a su compañero después de una larga y penosa enfermedad que ella soportó estoicamente y con determinación; estaba vivo y era lo que le importaba, pero ahora ella está sola y los días se le hacen eternos. 
En una de sus visitas, Leandro -muy torero él- la animó para que leyese un libro –ella no había leído nunca porque su vida fue siempre trabajar- sobre la vida del torero Joselito, y su sorpresa fue que lo acabó; en otra visita le habló del libro y también de su hazaña de haber sido capaz de leerlo completo, y le pidió otro. Le llevó otro y también lo terminó, y reclamó más.  Me dice Leandro, emocionado, que ahora está con LA FORJA DE UN REBELDE, de Arturo Barea, y dice que, a pesar de lo que suelen asustar 1000 páginas, lo lee con fruición, disfrutando con la historia y sus personajes. Y hablamos sobre las posibles futuras lecturas de la nueva lectora que, a sus 75 años, ha encontrado a un inmejorable y fiel nuevo compañero.
Su relato me ha emocionado y yo también quiero compartir mi emoción. Es una pena que tanta y tanta gente no haya tenido nunca la oportunidad de leer o de que alguien le haya dado el empujoncito necesario para iniciarse en la lectura, ese universo desconocido para una inmensa mayoría de la población. Pero, ya sabéis, nunca es tarde. 

  • Los trabajos de la mafia suelen ser muy finos: no dejan huellas, sólo un reguero de cadáveres.

RAFAEL REIG

Tengo en bastante estima literaria a Rafael Reig desde que leí  TODO ESTÁ PERDONADO, la historia de una saga familiar que en el 39 ganaron la guerra y en el 75 con la muerte de Franco y la inmaculada Transición –dice él-  también ganaron la paz.  Pero, como tantas veces ocurre, cuando opina de la política española actual se deja llevar por la costumbre instaurada de meter en el mismo saco a todos los que no son del agrado de uno. Es obvio que el PSOE ha cometido errores, incluso muchos errores, pero no se puede considerar lo mismo a quien construye que al que destruye, porque se es injusto, y, mucho más, cuando se generaliza: “…De los banqueros, de los del PP y de los del PSOE sólo esperábamos codicia sin freno y cinismo…” Yo podría meter en el mismo saco a todos los escritores y decir que viven en una burbuja y van de copa en copa, de tertulia en tertulia, de puta en puta y que pontifican sobre lo divino y lo humano sin haber pisado jamás un charco, y, además, no dejan una sola línea para la posteridad, etc., pero como sería profundamente injusto no lo voy a decir.

POR QUÉ NO SOY DEL ATLETI

Desde siempre he sido una persona bastante inconsistente en mis creencias: dejé de creer en el comunismo cuando alguien me dijo que en el Moscú de antes de la caída del Muro no había discotecas; en el catolicismo cuando me negaron la posibilidad de ser monaguillo porque las dos plazas estaban ya cubiertas y cuando un cura me dijo que decir gilipollas no era pecado; de creer en la monogamia o la fidelidad cuando comprobé que besar a dos chicas diferentes no producía urticaria ni ninguna otra infección...
En aquella época –doce años- mis sentimientos futbolísticos eran, como los demás, muy inconsistentes. Yo me había hecho del Atleti por Julián, el carnicero, a cuya carnicería iba los sábados de cajero porque se me daban bien las matemáticas, aunque pronto aprendí a despachar embutido y a descuartizar pollos, y menos mal que los filetes de pollo se inventaron después. Julián me pagaba con un par de pollos o de kilos de chuletas, de cerdo claro, porque el lechal también se inventó después, y los domingos me llevaba al Manzanares. Tenía que ser del Atleti porque estaba mal ir a ver a un equipo de invitado y querer que perdiera.
Mi amigo sacaba entradas de Tribuna baja, casi a ras de césped, y me enteraba de que era gol cuando la gente gritaba ¡goooool! y veía a los jugadores darse la mano, que entonces no se abrazaban ni se manoseaban como ahora… Pues bien, desde mi localidad lo único que veía era un bosque de piernas peludas porque entonces no estaban tan amaric…, perdón, quiero decir, no eran como ahora y no se las afeitaban ni se hacían la pedicura-manicura. Recuerdo las de Calleja o de Adelardo, y no digamos las de Luis Aragonés; las de Gárate eran otra cosa, finas, delgadas, tan delicadas como él, pero es que era vasco-argentino -¡qué mezcla!- pero buena gente. Incluso los había abogados –Calleja-, sabios –Luis Aragonés-; otros, menos dotados para los estudios –Adelardo- se habían casado con la hija del jefe, que también era buena carrera. Después de esta primera época vinieron los argentinos Ayala, Heredia, Panadero Díaz, Ovejero, Bezerra (con zeta) que eran todos licenciados en filosofía (pampera) y algunos, casos raros, como Ovejero, pegaban unas hostias que en absoluto cuadraban con la candidez que hacía presagiar su nombre: Iselín (un futbolista no tendría que poder llamarse Iselín), aunque dicen que la talla de su calzado era descomunal.
Estos futbolistas de antaño no eran como los de ahora que la mayoría no tiene la ESO, pero ganan mucho dinero, se afeitan las patas, manejan el twitter y, alguno que otro, incluso, se echa una novia periodista, algo que no le impide ser un rato guapa, o todo el tiempo guapa.
Mi inconsistencia sentimental me llevó hasta el extremo de flirtear con el Barça, aunque por un asunto puramente mercantilista; me explico: cada año, al llegar septiembre, escribía al presidente del Barça –yo pensaba que era el mismísimo Montal quien leería mi carta- contándole mis peripecias –inventadas- en territorio comanche -Madrid- y le solicitaba fotos del equipo que después le daría al peluquero de mi barrio que era un culé forofo y se pondría la mar de contento; él, a cambio, no me cobraba el corte de pelo ese día, con lo que los dos ganábamos. Le ponía los cuernos a mi equipo, pero… la pela es la pela, que dicen… los judíos (hay que ser políticamente correcto, al menos en España).
Debido a la inconsistencia de mis sentimientos dejé de ser del Atleti porque no veía bien el fútbol desde mi asiento, primero, y porque, más adelante, me compraron un traje del Atleti de muy mala calidad porque me duró dos lavados. El traje también  tiene su historia: cuando nos instalamos en Madrid, además de cuidador de niños a tiempo parcial -soy el mayor de ocho hermanos-, iba por las tardes, después del colegio, y los fines de semana a una oficina de venta de pisos, donde las chicas me mandaban con los clientes a enseñar los últimos pisos –las últimas plantas y sin ascensor- porque yo era joven y ágil, y así me ganaba un sueldo en propinas -Montoro: en negro-. Recuerdo que un cliente, al ver a un jovencito imberbe en pantalones cortos, se enterneció o se compadeció de mí y me preguntó: "Niño ¿tú que ganas aquí?" Las propinas, le respondí tajante. Siguió con el interrogatorio y me preguntó de qué equipo era; del Atleti, le contesto, y me dice que me va a regalar un traje de mi equipo favorito. Estupendo. Pasa el tiempo y el tío ni compra el piso ni me regala el traje. Se lo cuento a mi madre y me dice que ella me lo compra. Vamos a Garbayo, calle Madrid, y pide: “Un traje de fútbol pa'l niño”. "¿De qué equipo?" Del Madrid, dije yo. Había pasado tanto tiempo desde la promesa incumplida del sujeto, que mis primos, entretanto, me habían llevado al Bernabéu y, como niño que era y voluble, me dejé engatusar por la pompa y circunstancia de la Castellana y dejé al Atleti de los arrabales, pero momentáneamente, como veremos. El dependiente me saca el traje del Madrid todo blanco inmaculado, sin publicidad ni nada, y mi madre que lo ve, dice: “Este no que es muy blanco y el blanco se ensucia mucho, sáquenos otro”. Yo callaba; quería un traje de fútbol, el que fuese, y lo quería ya. Y el señor dependiente saca uno del Atleti, que era mi anterior equipo, y mi madre le da su aprobación: “Este sí, que de colorines es más sufrido.” Me lo probé, me estaba algo estrecho pero como no quería perder la oportunidad por si no se volvía a presentar, me lo llevé. Aguantó entero dos lavados, se me quedó pequeño enseguida, volví a renegar del Atleti y ya me hice del Madrid definitivamente.
Contaba que ya antes me había llamado la atención el Madrid, no por nada en especial sino porque cuando iba con mis primos nos sentábamos en el segundo anfiteatro de fondo, desde el que se divisaba el fútbol como si miraras un futbolín desde el techo. Más adelante, cuando me hice proletario e iba por mi cuenta, me iba al gallinero, más arriba todavía, con lo que los futbolistas de verdad ya eran como los del futbolín, solo que en movimiento, y, aunque seguía siendo proletario, debo reconocer que también era un poco sibarita y me gustaban más los edificios señoriales de la Castellana que los bloques ‘colmeneros’ habitados por personas de la ribera del Manzanares en los que abundaban los mosquitos, por la cercanía del río.
Y así sigo,  casi por costumbre, siendo del Madrid, aunque le tengo mucho cariño al Atleti porque dicen que los primeros amores nunca se olvidan, excepto en mi caso que, como el primero casi fue mi mujer y todavía la tengo presente, pues no he tenido necesidad de olvidarla.

  • Son ricos porque roban; si no robaran no serían ricos.








martes, 28 de junio de 2016

UN AÑO EN LA VIDA II (Febrero)




  • Tengo la sensación de que conocemos una mínima parte de lo que pasa a nuestro alrededor, lo justo para hacernos creer que conocemos algo.

PATRICK

Viene Patrick a decirnos que ha vuelto. Nigeriano, ocho años en España y ocho años sin ver a su familia. Ahora ha vuelto a su país para asistir al entierro de su madre, que ha muerto sin conocer a las tres hijas que nacieron en España. Mientras me cuenta esta pequeña parte de su historia, se le escapa una lágrima y me dice: “A pesar de que ha muerto, estoy feliz porque se ha ido pensando que vivo en el paraíso y que somos felices. Llegué a tiempo de verla viva y sus últimas palabras fueron para mí. Me dijo: qué buenos son tus jefes que te dejan venir al entierro de tu madre. No supo que llevo tres años en paro y que Cáritas nos da de comer, porque lo que cobro del subsidio se va en el alquiler y los recibos”.

  • En el presente, el pasado es lo que se recuerda, no lo que en realidad fue, aunque en ocasiones puedan coincidir. Lo que ni siquiera se recuerda, no existe.

CARTA A DON ANTONIO MACHADO

Querido Don Antonio:
Desde que le conocí, cuando pienso en literatura pienso en usted. Me aficioné a las letras en la escuela primaria, con las reseñas de autores de mi libro, de los que nos teníamos que aprender su biografía y sus principales obras, pero no leerlas: ya sabe, en el franquismo leer era casi una actividad subversiva. Y fue entonces cuando descubrí que la literatura era la vida, quizás porque en la foto de mi libro usted se parecía a mi tío Manuel, un personaje real, por su cara de bonachón, porque mi tío apenas sabía leer ni escribir. Yo pensaba en literatura e imaginaba a un hombre de gesto serio, "triste aliño indumentario" y cigarro en la boca, como don Antonio, mi maestro del pueblo, lo más parecido a un literato que había visto jamás, escribiendo con pluma, en una mesa de madera oscura, con una lamparilla, frente a una ventana que daba a un valle verde, o a un patio. Y pensaba que escribiría sin quitarse el gabán, porque en su casa siempre haría mucho frío.
Como la  literatura era la vida, cada paso me llevaba a la nostalgia porque nosotros habíamos dejado, a la fuerza, nuestro pueblo, como usted. El primer poema que leí, A un olmo viejo, me recordaba la higuera que teníamos en las Cañaíllas; cuando leí algo de Platero y yo, me entristecí porque recordé que una tarde nos retrataron, a mi hermano y a mí en la puerta del corral y montados en el pollino de mi abuelo Grillo; leía que José María Pereda escribió Peñas arriba, y me veía vagando por los cerros de mi pueblo; y con la foto de Azorín veía otra vez a mi abuelo, más alto y peor vestido, y pensaba que su apodo se lo habrían puesto por algún pájaro al que llamarían así, como a mi abuelo le llamaban Grillo por su perro.
Pero antes de llegar a los escritores de su generación, lloré, sí, lloré cuando leí las Coplas a la muerte de su padre (me daba mucho agobio decir ‘mi padre’ para no tentar la suerte), del pobre Jorge Manrique, y pensaba que tenía que ser una verdadera tragedia que se le muriese a uno el padre tan joven, como le pasó a mi amigo Juan, que vivía solo con su madre. De niño, ya sabe usted, cree uno que no existe la muerte, pero ahí está, acechando.
Cuando empecé a trabajar tenía 14 años y ya leí los primeros libros completos: La familia de Pascual Duarte y Cinco horas con Mario; me los dejó un amigo algo mayor que yo y casi cogí una depresión. Cuando se los devolví, le pregunté si Pascual Duarte era alguien de su pueblo y me dijo que no, que él era de Madrid; entonces supuse que Mario sería algún tío suyo que vivió en su barrio, Argüelles. ¡Qué drama! Cuando me aclaró que eran personajes de ficción, me dije: ¡cómo se parece lo que escribe los literatos a la realidad!
Don Antonio, cuando después del franquismo conocí su vida real, la que trágicamente desemboca en Colliure, vi claramente que la literatura y la vida eran la misma cosa...

PARROQUIAS

Me gustan las parroquias aunque no soy nada religioso, incluso diría que soy buen parroquiano, en cualquiera de las acepciones del término. Una vez me preguntaron qué me gustaba más, si La Catedral o La Iglesia. Aunque la primera es más señorial, contesté, me gusta más la segunda porque sus fieles son menos estirados, más del pueblo llano; el oficiante suele tener más desparpajo, es más cercano y te hace pasar mejores ratos, y aunque lo que ofrecen es muy parecido, reconozco, y es opinión generalizada en la localidad, que la segunda tiene mejor vino y, sobre todo, mejores tapas.

  • El riesgo que tiene morderse la lengua para no decir algo, es que puedes morir envenenado con tu propia sangre.

¿SÍ O NO?

Uno:
Es mi amigo, pero… no me gusta cuando trata mal a la gente, no me gusta su predisposición a pensar que todos le quieren engañar, no me gusta que quiera llevar siempre razón, no me gusta que se crea en un escalón superior al resto de la humanidad, no me gusta que se sienta superior a una mujer por el simple hecho de serlo. Conclusión: no es mi amigo. (Con qué facilidad utilizamos a veces esa palabra)
Otra versión:
Es una buena persona, pero… vive su vida y se olvida de los suyos, está casado pero continuamente va ‘de putas’ o de no putas, bebe hasta caer desparramado por el suelo, dedica a sus vicios lo que podría dedicar a que su familia tuviese una vida mejor. Conclusión: no es una buena persona. (Por más que se desviva para con el resto del mundo.)

  • Algunos tenemos asumido que debemos pasarnos la vida aprendiendo; otros, desde siempre, lo saben todo y son un auténtico peligro para la humanidad, estén en la trinchera que estén.

EL MESÍAS

Después de … años, más/menos, de política, en España se ha producido el milagro, en forma de aterrizaje del Mesías.  Desde su púlpito mediático, proclama la verdad revelada, la única, la que hará que las aguas vuelvan a su cauce, el reino de la felicidad impere de nuevo en la tierra, regresen los dinosaurios, e, incluso, que Adán y Eva retornen a su estado primigenio, es decir, a vivir sin pecado y sin hoja de parra que cubra sus partes pudendas.
Estaremos al tanto de lo que suceda porque ellos, dice, vienen para inventar de nuevo la democracia que los griegos dejaron a medias y que ha devenido en este desastre actual, culpa del PSOE, por supuesto, su enemigo, culpable de las hambrunas de África, el desbordamiento del Ganges, las Siete Plagas de Egipto, además de las masacres de indios, de las guerras mundiales y de que los tomates ya no sepan como antaño. 
La vida en la tierra es un círculo que se repite hasta la eternidad; lo malo es cuando se cierra el círculo, que si te pilla dentro, no tienes escapatoria.

  • Hay que procurar no llamar fascista a todo aquel que no piense como tú porque entonces tú serías el fascista.

ROSITA

Mi amiga Rosita es una curranta con mala suerte, aunque a quienes la buscan con ahínco, la suerte les tiene que llegar, sí o sí. La conocí hace unos años porque se había quedado en paro y yo la atendí en mi trabajo, la orienté hacia dónde ir, qué hacer. Ella me dijo que le gustaba conducir y que creía que sería una buena conductora de autobuses. Como entonces existía la posibilidad de obtener el permiso de conducir autobuses a través de cursos de formación, lo hizo y aprobó a la primera, y desde entonces es otra profesión que añade a su currículo. Y le han ido saliendo trabajos esporádicos con autobuses para hacer rutas escolares o de otro tipo. Pero ha trabajado y busca trabajo de lo que sea porque a todo se adapta. El viernes vino a verme porque le han vuelto a hacer un contrato en el que trabaja un tercio de la jornada y puede seguir cobrando dos tercios de la prestación que cobraba. Así va tirando de su vida y de la de su hijo adolescente. Me cuenta que en los dos últimos trabajos no le pagaban. "En el penúltimo me dejaron a deber una cantidad que acordamos me abonaría desde hace varios meses en cómodos plazos; de momento no me ha pagado nada. En el último trabajo me deben los dos meses que trabajé, fui a verle a principios de semana, me amenazó, me cogió del brazo, zarandeándome, y me hizo estos cardenales..." Y me muestra su pequeño antebrazo morado por los zarpazos del animal. ¿Le habrás denunciado?, le pregunté. "Vengo de hacerlo. Menos mal que me llevé a un amigo porque estuve a punto de darle una patada en tal sitio, y él me sujetó."
Nos tomamos una cerveza y durante la conversación me decía que ahora sí, ahora había tenido muy buena suerte porque el empresario con el que trabajaba, había llegado el final del mes y, al menos, le había pagado. Traduciendo: la suerte ya no es que tengas trabajo sino que llegue fin de mes y el empresario te pague. 
Sólo pensé que vaya mierda de país y mierda de empresarios esclavistas que tenemos. No pueden salir raíces vigorosas, como decía el sonso que tenemos de presidente, cuando la semilla está podrida, completamente podrida. Y que disculpen las excepciones que confirman la regla.

  • Si por algo lamento que vaya tan deprisa la vida es por no poder llegar a tiempo a determinados puertos.

lunes, 13 de junio de 2016

POESÍA. AUTOBIOGRAFÍA (1984 – 2011)







Veletas                                               Abril  1984

Veletas.
A golpes de viento se dejan llevar.
Izquierda, derecha, norte, sur.

Suben montañas, recorren valles
y siempre encuentran
un árbol donde esconderse
del día o de la noche.

Quizás mañana sople un viento calmo
que no consiga moverlas, y entonces,:
¿detrás de quién correrán?
¿A quién entregarán su mano?

Gritan y su voz
se viste de mil colores
y a la vez de ninguno;
vuelan y sus alas
se parecen a un estanque
de aguas quietas.

Veletas,
algún día las palomas
os picotearán los ojos.



Regresaremos                                               Agosto 1984

Algún día,
cuando el sol se escondas tras los montes,
volverán las aguas a su cauce
y los álamos vestirán nuestro horizonte.

Regresaremos
más desnudos de equipaje,
con la piel marcada por el tiempo
y los ojos cubiertos de pasado.

Regresaremos
y ya no seremos aquellos
que un día perdieron el camino
para encerrarse en un eterno adiós
sin esperanza.

Algún día,
cuando el otoño cubra los campos de hojas,
regresaremos
para reemprender de nuevo el camino.




En el mar                                          Septiembre 1984

En el mar,
en el lejano y, por lejano,
oscuro mar,
viven las flores
olvidadas;
el verso perdido
en las olas de la mente
de algún poeta
que espera la luz
del nuevo día.

En el mar,
perdidas entre la arena
y el horizonte,
están las palabras
que nadie llegó
a escuchar.

En el mar…
en el mar y en el cielo,
y en cada camino
por donde nuestros pies
vagabundean,
buscando el eco
de la esperanza.



¿A quién le estará cantado?                        Septiembre 1984

Cuanto canta, llora,
y cuando llora,
¿a quién le estará cantando?

Quizás sea a la luna
que lleva un puñal en el pecho
y, herida de muerte,
sigue su ruta en el cielo.

Quizás sea al mar
que lleva alegría en los ojos
y esperanza en las entrañas.

Cuando llora, canta,
y cuando canta,
¿a quién le estará llorando?



Sigo estando aquí                                         Junio 1985
           
Aquí  no hay álamos ni flores,
ni calles en cuesta
donde encontramos el cielo
sin levantar la vista.
 
Aquí no hay hierba, ni cerros,
ni un río en el que los ojos
ven su reflejo en el agua.
 
Aquí no hay mar, ni arena,
ni olas que cubran
el viento frío de esperanza.
 
Aquí, sólo estás tú y tus manos,
y las palabras que me hacen olvidar
que sigo estando aquí.




Anochece                                                      Julio 1985

Anochece mientras el viento
traspasa los límites del cuerpo.
Tras él marchan los jinetes,
ebrios de esperanza,
que no hacen sino volver
al punto de partida.
Te veo y te oigo
aunque nunca me escuchas:
mírame y verás
cómo aquel que un día
marchó lejos de ti
ha decidido que es a ti
a quién pertenece,
que es en ti donde anidan
sus tardes y mañanas,
que es en ti donde crece
la hierba que buscan sus pasos.
El olvido no se hizo paisaje perenne,
no desangró cauces ni veredas,
árboles ni pájaros,
porque es en ti dónde están mis ojos
clavados como espadas
en lo más alto de los cerros,
ansiosos por ver la mañana
en que mis huellas sean parte
de tu paisaje.



Ayer                                                              Julio 1985

Ayer sólo es
una palabra
que revolotea
en la mente,
juega, se viste
de mil colores,
viene y va:
es la nada.

Ayer: luces
y sombras
confundidas
en el túnel
de los días.

¿Quién pasó?
¿Quién queda?
Todo es sombra
en el recuerdo.

Dame la mano
y vámonos al mar,
allí la vida
permanece anclada
sobre el agua
y la arena.

Dame la mano
y vámonos
donde los caminos
lleven al horizonte.




La paz y la palabra                          Julio 1985

(Después de leer a Blas de Otero)                          

Amó profundamente
el mar y el aire;
las gaviotas fueron
sus compañeras de viaje.

Amó, como sólo los hombres
comprometidos con su pueblo,
pueden amar;
como sólo quienes sienten
el lamento ciego de la miseria,
pueden amar;
como los que sienten
en sus propias manos
el yugo de las cadenas,
pueden amar.

Amó profundamente
la paz y la palabra:
la paz fue un deseo
enterrado en la arena;
la palabra un lamento
ahogado en el recuerdo.



Otro paisaje                          Agosto  1985
                       
El abrazo se hace inmune
a otro paisaje.
Árbol.
Sol.
Estrellas.

¿Por qué tanto corazón
en el camino?

Solo, soy una piedra esquiva,
deslumbrada,
que camina sin rumbo
entre garras afiladas.

¿Por qué tanta luz
en la memoria?

Soy hijo del viento;
él me arrastra
por los caminos
de la noche
hacia un día
de árboles y flores;
él me arrastra
como un huracán
hacia ti.


Fardes                                               Septiembre 1985
                       
Fardes.
Agua clara
para un corazón de niño.

La nieve siembra tu cauce
de recuerdos cristalinos
que se mecen entre el vaivén
de los sauces.

Los pájaros cantan
en la orilla
la vieja canción
de la esperanza
que vuela lejos:
allí donde las montañas
sólo son un sueño.

Fardes.
Amigo de mis primeros pasos,
hermano del mañana imaginado.



Cansancio                                         Julio 1986

Al momento acudo
donde el grito ha sonado
pidiendo ayuda;
penetro hasta sus entrañas
hasta convertirle
en un eslabón más
de mi esperanza;
tiendo mi mano
y escucho su voz

(palabra vieja
sobre la llama siempre viva)

De regreso olvido
caminos y árboles
hasta encontrar el silencio

(fiel compañero de tardes
y mañanas).

En el viento quedan las voces,
las manos y los pies
desde siempre cansados.



Empieza la noche…                         Julio 1986
           
Empieza la noche
cada mañana
con un sombrío bostezo
de indiferencia.

Recorre silencios,
apartando a cada paso
la consciencia;
busca un corazón abierto
y sólo encuentra
la luna mortecina.

Cada instante
comienza la noche
a caminar
sobre nuestros pasos;
busca el aire
y sólo encuentra
unas alas rotas.


Quisiera escuchar                             Septiembre 1986
           
Cuando abro los ojos
y no veo nada,
cuando nada escuchan
mis oídos,
cuando mis pies flotan
en el aire,
quisiera escuchar
tus palabras:
las que un día
abrieron las puertas
y cerraron el pasado,
las que recrearon
el paraíso en mi entorno,
las que a fuerza de ser amigas
se hicieron compañeras.



Demócrata sobrevenido                   Noviembre 1987
           
Cuando empezó a soplar el aire fresco
sobre las calles mugrientas del ayer,
¿dónde estabas tú? 
¿En qué rincón del mundo te escondiste
cuando los hombres empezaron
a buscarle sentido a sus pasos,
cuando los labios se abrieron
y nació la palabra,
cuando el miedo dejó de ser la barrera
que impedía levantarse?
¿Dónde estabas tú?

Ha pasado el tiempo y hoy gritas,
clamas al cielo por todo aquello
que aún no ha llegado
cuando no hiciste nada
para que al menos pudiésemos
alzar la voz y protestar.

Hoy exiges respuestas inmediatas
a tus preguntas,
pero cuando no podíamos exigir,
cuando sólo podíamos lanzarnos a la calle
en busca del aire que tú no echabas de menos,
¿dónde estabas?
¿En qué rincón te estabas pudriendo?

Jamás te vi en la calle a nuestro lado.



(Ante la próxima guerra de EEUU            Octubre 2001
contra Afganistán,
persiguiendo a Bin Laden y Al Qaeda)                


Baja el río revuelto;
en la montaña
se ha desatado una tormenta
de sangre y fuego.
 
Baja el río revuelto;
en los valles reina
el desasosiego
y en el corazón
de los hombres
yace la desesperanza
inerte,  sin aire que respirar.
 
Baja el río revuelto,
¿en qué mar desembocará?
 


Amanecer                                         Junio 2002
           
Amanece
y abro de nuevo la ventana.
El agua fría borra el rastro
de la noche en mi cara.
Me visto con el atuendo
de los días pasados
y, antes de salir de casa,
pongo en orden mis papeles.
Salgo a la calle y busco
entre los ojos de la gente
ojos que me acompañen;
siento a cada paso
la huella de los ausentes
y busco con la mirada
a alguien  que me indique 
dónde queda el horizonte.
 
… Amanece y busco  
la huella de los ausentes…
 
Llega la noche y  regreso,
con las manos vacías,
al punto de partida.




Volar                                                             Junio 2002

Quisiera dar la vuelta
a mis pensamientos,
crear frases inconexas
y hacer de mi garganta un túnel
por donde circulen
palabras sin sentido.

Quisiera ser de otro tiempo,
tener el corazón deshabitado
y en los ojos, una esperanza.

Quisiera andar caminos,
desandar caminos,
ser pájaro y volar,
picoteando las nubes,
estrellándome en el suelo
y seguir volando
malherido, vencido,
resucitado, al fin, vivo.

Quisiera ser lo que no soy
y tener lo que tengo
y con todo ello, volar,
y seguir volando…





Piedad                                                Marzo 2003

(Luis García Montero publica un poema
pidiendo ‘piedad’ a los tres países
-EEUU, Gran Bretaña y España-
que han declarado la guerra a Irak)                     

Amigo:
pides piedad a los señores de la guerra.
Tú los conoces bien
porque pusieron cadenas
a tus pies,
y acallaron tus palabras.
Ellos te robaron la libertad.

Son los mismos de ayer.

Por eso, tú y yo sabemos
que no se puede pedir piedad
a quien la hiel del corazón
le anega el camino andado
y por andar,
la razón y el sentimiento.

Paz. Guerra.
Vida. Muerte.

Mi buen amigo,
bien sabes que a ellos,
los de siempre,
les importa muy poco nuestra vida:
¿por qué les iba a importar algo
nuestra muerte?





Olga                                                   Marzo 2003

(A Olga Rodríguez, corresponsal
de la Cadena Ser en Bagdad durante
la guerra del Trío de las Azores contra Irak).

Antes de la guerra
vi los atardeceres de Bagdad
en la voz de Olga.
Sus palabras me embriagaron
con el olor del jazmín en sus jardines;
conocí a la gente, las personas,
paseando por las calles y los mercados:
su afabilidad, su tristeza disimulada.
Empezaron a caer las bombas
y allí seguía Olga para contarme
cómo estaban destruyendo
poco a poco la ciudad que ella hizo
que sintiese un poco mía:
ella me contaba cómo sobrevivían
entre la barbarie nuestros nuevos amigos.

Gracias.
La voz que daba vida a sus palabras
me hicieron sentir, una vez más,
ciudadano del mundo.



Dar marcha atrás al tiempo                        Abril 2004
           
Dar marcha atrás al tiempo
hasta el instante anterior
en el que la mirada 
se cruzó con la llama verde
de los ojos que abrieron,
ya para siempre,
el viejo dilema
guerra-paz.





Silencio                                              Septiembre 2011

Yo fui un lamento
que nació del silencio
y se alimentó con los ojos
de una mujer
que miraban para otro lado.

Lloré ante su puerta;
vagué por el desierto
que llevaba a ninguna parte
y me perdí en el hastío
hasta que llegó la luz
que imaginé definitiva.




La tarde oscura                                Noviembre 2011

A veces llega
la tarde oscura
y los paisajes
humanos de ayer
se convierten
en desiertos
de hormigón y acero,
en veredas pobladas
de árboles solitarios
de cristal
que se estrellan
contra el viento.

A veces, en casa,
cuando llega
la tarde oscura,
se levanta un muro
de silencio
que ahoga el presente
y el ayer
y ciega la puerta
del mañana.